La huella de un pie señala al sospechoso del crimen de La Rinconada, los aspectos fundamentales del asesinato de Ricardo
El investigado negó inicialmente su participación en el crimen y cuestionó las pruebas científicas que motivaron su detención
Una huella del dedo gordo de un pie se convirtió en la principal prueba contra el sospechoso de matar a su amigo en La Rinconada.
La víctima, José Ricardo M. G., de 47 años, apareció muerta en mayo de 2025 tras recibir alrededor de veinte puñaladas. La investigación de la Guardia Civil terminó señalando a Manuel F. G., un hombre al que Ricardo había permitido vivir en su domicilio.
El investigado negó inicialmente su participación en el crimen y cuestionó las pruebas científicas que motivaron su detención.
Una muerte violenta descubierta varios días después
El cadáver de Ricardo fue localizado el 6 de mayo de 2025 en una vivienda de la calle Hernán Cortés, en La Rinconada. Fue un hermano de la víctima quien encontró el cuerpo, aunque los resultados de la autopsia situaron el fallecimiento entre la medianoche del 3 de mayo y el mediodía del día siguiente.
Ese intervalo resultó importante para reconstruir lo ocurrido. Los investigadores consideraron que la muerte había permanecido oculta durante aproximadamente dos días, mientras trataban de establecer quién había estado en la vivienda y qué había sucedido antes del hallazgo.
La relación entre la víctima y el principal sospechoso también adquirió relevancia. No eran desconocidos. Ricardo había acogido a Manuel en su propia casa, una circunstancia que explicaba la presencia habitual del investigado en el inmueble y que obligaba a examinar cuidadosamente los indicios encontrados.
La Guardia Civil desarrolló una investigación que se prolongó durante dos meses. El 8 de julio de 2025 detuvo al sospechoso, que posteriormente ingresó en prisión provisional por decisión judicial.
Crimen de la huella: la prueba científica que permitió identificar al investigado
El elemento decisivo apareció en el suelo de la vivienda. Los especialistas localizaron varias marcas ensangrentadas correspondientes a un pie izquierdo y analizaron su posible relación con la persona que había atacado a Ricardo.
La hipótesis policial apuntaba a que, durante un enfrentamiento, el agresor perdió una zapatilla de estar por casa. Esa circunstancia habría provocado que caminara parcialmente descalzo sobre la sangre, dejando un rastro susceptible de identificación.
Los agentes recurrieron a un pelmatograma, una impresión de la planta del pie utilizada para estudiar sus características individuales. El análisis permitió comparar las marcas recogidas en la escena con las del investigado.
El informe del Servicio de Criminalística identificó doce puntos característicos coincidentes en la huella del dedo gordo del pie izquierdo. Para los especialistas, esas correspondencias respaldaban la identificación de Manuel como la persona que había dejado el rastro.
La prueba adquirió especial importancia porque vinculaba físicamente al sospechoso con una zona ensangrentada del escenario del crimen.
La versión del sospechoso frente a los indicios de la Guardia Civil
Manuel rechazó las conclusiones de los investigadores y ofreció una explicación alternativa sobre la presencia de su huella. Según trasladó a su abogada, Ofelia Liñán, había entrado descalzo en la vivienda cuando estaba a oscuras y se dirigía a encender la luz de la cocina.
También cuestionó que no se hubiera encontrado ADN suyo en el cadáver y puso en duda el procedimiento utilizado para identificar la impresión plantar.
Su versión contrastaba con la reconstrucción policial, que situaba la huella en el contexto de una agresión violenta. La defensa sostenía, por el contrario, que aquel rastro no demostraba que hubiera participado en el ataque.
El caso quedó así marcado por dos interpretaciones enfrentadas: la identificación científica realizada por los especialistas y las explicaciones del investigado sobre cómo pudo dejar aquella marca.
La confesión a la que alude la información más reciente no ha podido contrastarse con documentación judicial accesible. Por tanto, tampoco es posible precisar en qué circunstancias se habría producido ni si supone una modificación formal de su declaración anterior.
La distinción resulta fundamental: la existencia de una prueba pericial, el reconocimiento de unos hechos y una eventual sentencia condenatoria son cuestiones diferentes dentro del procedimiento penal.