Azulejo sevillano formando una estrella de ocho puntas.
Estrella de ocho puntas en un patio sevillano.

Ni Tartessos ni Al-Ándalus, el verdadero origen de la estrella de ocho puntas sorprende a los historiadores

La estrella de ocho puntas que aparece por toda Andalucía tiene un origen mucho más antiguo de lo que muchos creen

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La estrella de ocho puntas forma parte del paisaje cotidiano andaluz. Aparece en azulejos, rejas, patios, fachadas, plazas y elementos decorativos repartidos por ciudades como Sevilla, Córdoba o Granada.

También está presente en numerosos recuerdos turísticos y, desde hace años, muchas personas la identifican directamente con Tartessos o con el legado de Al-Ándalus. Sin embargo, su historia es bastante más antigua y compleja de lo que suele difundirse.

Un vídeo publicado por Diario de Sevilla ha vuelto a poner el foco sobre este símbolo geométrico, conocido popularmente como estrella tartésica, cuya presencia se ha extendido durante siglos por buena parte del Mediterráneo y Oriente Próximo.

Un símbolo anterior a Tartessos y a Al-Ándalus

Aunque en Andalucía suele asociarse a la cultura tartésica o a la arquitectura andalusí, los especialistas sitúan los ejemplos más antiguos de la estrella de ocho puntas miles de años antes de la aparición de ambas civilizaciones.

Diversas investigaciones y registros históricos documentan su presencia en territorios de Mesopotamia, Oriente Próximo y otras zonas mediterráneas desde la Antigüedad.

La figura se construye mediante la superposición de dos cuadrados, uno de ellos girado 45 grados respecto al otro. Esa sencillez geométrica explica en parte por qué apareció de forma recurrente en culturas muy diferentes y alejadas entre sí.

En algunos contextos estuvo vinculada a creencias religiosas, mientras que en otros cumplió una función decorativa o simbólica.

También fue utilizada como representación astral y solar en distintas tradiciones antiguas. Con el paso de los siglos, cada territorio fue incorporando significados propios a una figura que ya existía desde mucho antes.

De los antiguos pueblos mediterráneos a la arquitectura andalusí

La expansión de la estrella de ocho puntas por la Península Ibérica se produjo a través de distintos procesos históricos. Durante la etapa musulmana adquirió una enorme relevancia decorativa y comenzó a aparecer de forma habitual en edificios, mosaicos, artesonados y elementos ornamentales.

Fue especialmente visible en el Reino nazarí de Granada, donde alcanzó una de sus expresiones más conocidas. La Alhambra conserva numerosos ejemplos de este motivo geométrico integrado en la decoración islámica, una circunstancia que contribuyó a reforzar la asociación popular entre la estrella y el legado andalusí.

A partir de entonces, artesanos mudéjares y comunidades mozárabes ayudaron a difundir estos patrones por distintas regiones de la península. El diseño terminó incorporándose a construcciones civiles, espacios públicos y elementos ornamentales que todavía hoy forman parte del patrimonio histórico español.

La fuerza visual de la figura, basada en la repetición de formas simétricas, favoreció además su permanencia durante generaciones sin necesidad de conservar el significado original que tuvo en sus primeras etapas históricas.

Por qué sigue siendo un símbolo tan reconocible en Andalucía

La identificación de la estrella con Andalucía se ha consolidado especialmente durante las últimas décadas. Su presencia en hallazgos relacionados con Tartessos y su uso por parte de movimientos vinculados al andalucismo contribuyeron a convertirla en un emblema fácilmente reconocible para gran parte de la población.

Sin embargo, los historiadores recuerdan que reducir su origen únicamente al mundo tartésico o al periodo andalusí supone simplificar una trayectoria histórica mucho más extensa.

La estrella de ocho puntas no pertenece a una sola cultura ni nació en un único territorio. Su recorrido atraviesa milenios de intercambios entre pueblos, religiones y tradiciones artísticas.

Por eso sigue apareciendo hoy en espacios tan distintos como monumentos históricos, plazas, cerámicas, escudos, elementos arquitectónicos y símbolos culturales.

Lo que para muchos es un rasgo característico de Andalucía constituye en realidad la huella visible de una figura que ha acompañado a numerosas civilizaciones desde la Antigüedad y que ha logrado mantenerse vigente hasta nuestros días.