La historia oculta de la Torre del Oro: cadenas rotas, terremotos y los secretos de Pedro I
Pedro I el Cruel, las leyendas y la historia que aún sobreviven en la Torre del Oro de Sevilla
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La Torre del Oro, uno de los símbolos más reconocibles de Sevilla, nació como una construcción militar mucho antes de convertirse en postal turística o escenario de leyendas cortesanas.
Levantada en el año de 1221, en los últimos años del dominio almohade en la ciudad, fue concebida para controlar el acceso fluvial al puerto y reforzar la defensa del Arenal, el espacio estratégico que conectaba el río con el corazón urbano de la capital andalusí.
La orden de construcción partió del gobernador almohade Abud el Olá. La torre, de planta dodecagonal, quedó integrada en un sistema defensivo que enlazaba distintas estructuras fortificadas hasta llegar al Alcázar.
Aquella línea de murallas incluía la desaparecida Torre de la Fortaleza, la Torre de la Plata y otros baluartes menores que protegían la ribera sevillana.
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Su nombre procede del árabe bury al-dahab. Durante siglos se creyó que hacía referencia al brillo de los azulejos dorados que revestían parte de la estructura y cuyo reflejo sobre el Guadalquivir resultaba visible desde gran distancia.
Pero las restauraciones modernas concluyeron que aquel efecto luminoso era producido por una mezcla de mortero de cal y paja prensada aplicada sobre la superficie exterior.
La función militar de la Torre del Oro resultó decisiva durante la conquista castellana de Sevilla. En el año 1248, las tropas de Fernando III cercaron la ciudad y bloquearon sus accesos terrestres.
El gran obstáculo seguía siendo el río. Una enorme cadena unía la torre con otra fortificación situada en la orilla de Triana y protegía el puente de barcas que abastecía a la ciudad sitiada.
La tradición histórica atribuye a los marinos dirigidos por Ramón Bonifaz la maniobra que cambió el curso del asedio. Dos embarcaciones reforzadas y cargadas de peso avanzaron contra la cadena mientras eran atacadas desde ambas orillas.
El impacto terminó rompiendo la defensa fluvial y destruyendo el puente, dejando a Sevilla sin suministros y acelerando la caída definitiva de la ciudad en manos castellanas.
Pedro I, María de Padilla y las historias que rodearon a la torre
Con el paso de los siglos, la Torre del Oro dejó de ser únicamente una construcción defensiva para entrar también en el terreno de la leyenda. Buena parte de esos relatos se relacionan con la figura de Pedro I de Castilla, conocido por unos como Pedro el Cruel y por otros como Pedro el Justiciero.
La tradición sevillana sostiene que el monarca utilizó la torre como refugio discreto para algunas de las mujeres con las que mantuvo relaciones sentimentales. Entre los nombres más repetidos aparece Aldonza Coronel, hermana de María Coronel, vinculada a una de las familias nobles más influyentes de la ciudad.
La figura central en la vida del rey, sin embargo, fue María de Padilla, con quien mantuvo una relación prolongada y tuvo cuatro hijos. Mientras ella residía habitualmente en el Alcázar sevillano, la esposa oficial del monarca, Blanca de Borbón, quedó apartada de la corte pocos días después del matrimonio.
La vida sentimental de Pedro I estuvo marcada por conflictos políticos, enfrentamientos familiares y disputas con la nobleza castellana. Tras abandonar a Blanca de Borbón, el rey intentó anular el matrimonio pese a la oposición del papa Inocencio VI. Más tarde volvió a casarse, esta vez con Juana de Castro, aunque aquella unión también duró apenas unos días.
Las historias vinculadas a la Torre del Oro mezclaron desde entonces hechos documentados con elementos legendarios. La fortaleza pasó además por distintos usos: fue capilla dedicada a San Isidoro, prisión para miembros de la nobleza y almacén defensivo ligado al puerto sevillano.
Terremotos, amenazas de demolición de la Torre del Oro y la transformación en museo
La Torre del Oro sobrevivió a varios episodios que estuvieron cerca de hacerla desaparecer. A comienzos del siglo XVI presentaba ya un importante deterioro estructural y necesitó obras de consolidación para evitar el derrumbe.
El momento más delicado llegó tras el terremoto de Lisboa del año 1755. El seísmo afectó seriamente a Sevilla y dañó parte de la torre.
En 1760 se reforzó la base rellenando el cuerpo inferior con escombros y mortero, una intervención que modificó parcialmente su aspecto original. Ese mismo año se añadió el cuerpo cilíndrico superior diseñado por el ingeniero militar Sebastián Van der Borcht, responsable también de la Real Fábrica de Tabacos.
Durante el siglo XIX volvió a plantearse su demolición. El objetivo era facilitar el tránsito entre el puente de Triana y el entorno de San Telmo, pero la oposición popular frenó el proyecto.
Algo similar ocurrió tras la Revolución de 1868, cuando se derribaron numerosos tramos de muralla de Sevilla y parte de sus materiales fueron vendidos. La presión ciudadana evitó nuevamente la desaparición de la torre.
Desde 1944 alberga el Museo Naval de Sevilla. En su interior se conservan cartas náuticas, instrumentos de navegación, maquetas y documentos relacionados con la actividad marítima de la ciudad y con la importancia histórica del Guadalquivir como vía comercial y estratégica.
Con 36 metros de altura y tres cuerpos arquitectónicos diferenciados, la Torre del Oro continúa siendo uno de los edificios más reconocibles de Sevilla.
Más allá de las leyendas sobre Pedro I o los relatos románticos asociados a sus muros, su permanencia resume buena parte de la historia política, militar y urbana de la ciudad desde época almohade hasta la actualidad.