Portada de la Feria de Sevilla y coche de caballos.
Coche de caballos en la Feria de Sevilla.

La sorprendente historia de la Feria de Sevilla, de mercado de ganado a símbolo mundial

La Feria de Abril de Sevilla: del mercado ganadero a símbolo universal con un pasado desconocido

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La historia de la Sevilla, la influencia de figuras como Narciso Bonaplata, José María Ibarra y el respaldo institucional de Isabel II explican el origen de una de las celebraciones más reconocidas del mundo: la Feria de Abril.

Lo que comenzó como una solución práctica para el comercio ganadero terminó convirtiéndose en un fenómeno social, cultural y turístico que es hoy emblema de identidad andaluza.

De feria ganadera en Sevilla a fenómeno social

El origen de la Feria de Abril se remonta al 25 de agosto de 1846, cuando Sevilla buscaba evitar los desplazamientos de sus agricultores a localidades cercanas como Mairena del Alcor o Carmona para adquirir ganado.

La propuesta impulsada por Bonaplata e Ibarra fue elevada al Cabildo y respaldada por el entonces alcalde, el marqués de Montelirio.

Tras su aprobación en marzo de 1847 gracias a la intermediación del diputado Fermín de la Puente y Apechea ante Isabel II, la feria se celebró en abril de ese mismo año.

A pesar de la oposición de otras localidades, el evento fue un éxito inmediato, con una recaudación de 400.000 duros en su primera edición.

Con el paso del tiempo, los ganaderos comenzaron a instalar toldos para protegerse del sol, dando origen a las actuales casetas. La presencia de la nobleza en carruajes convirtió la feria en un punto de encuentro social, donde el comercio dio paso progresivamente al ocio.

En el año 1950 se produjo la separación definitiva entre actividad ganadera y celebración festiva, consolidando el modelo actual.

El Real de la Feria y su significado real en Sevilla

La expresión “Real de la Feria” es ampliamente utilizada, aunque su significado original suele confundirse. Lejos de referirse a todo el recinto ferial, el término designaba el punto específico de acceso para caballos y carruajes en el antiguo emplazamiento del Prado de San Sebastián.

El origen del nombre está vinculado a la tarifa que se cobraba por acceder a la feria en transporte: un real, moneda de la época. De ahí surgió la expresión “ir a la feria por un real”, que con el tiempo derivó en la fórmula actual. Este matiz histórico revela cómo el lenguaje popular ha evolucionado junto a la propia feria.

Un pasado de la Feria marcado por la muerte y la transformación de Sevilla

Antes de convertirse en un espacio festivo, el Prado de San Sebastián tenía una reputación inquietante. En ese lugar se ubicaban antiguos cementerios, como el de los Pobres, y era conocido como escenario de ejecuciones durante la Inquisición española.

El escritor José María Blanco White relató experiencias personales en este entorno, incluyendo la ejecución de María Dolores Caro.

El traslado posterior de la feria a la zona de Tablada, en el actual barrio de Los Remedios, no eliminó del todo ese pasado, ya que también fue lugar de ajusticiamientos.

No obstante, la transformación del espacio en un entorno de celebración refleja la capacidad de la ciudad para resignificar su historia.

La evolución estética de la feria también ha sido clave. La portada monumental no se instauró hasta 1949, inspirada en precedentes como estructuras de la Exposición Iberoamericana de 1929. Desde entonces, su diseño cambia cada año, convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles.

Los farolillos, hoy inseparables de la imagen de la feria, tienen su origen en 1877, cuando se buscó unificar la decoración con motivo de la visita de Isabel II. Inspirados en lámparas chinas y potenciados con la llegada de la electricidad en 1883, fueron regulados oficialmente en 1983.

A lo largo de su historia, la Feria de Abril ha sabido evolucionar sin perder su esencia, convirtiendo un pasado complejo en una celebración que hoy representa alegría, tradición y mucha, pero mucha, convivencia.