Termómetro en la Avda. San Francisco Javier de Sevilla.
Noches de calor sofocante en Sevilla.

El fenómeno que explica por qué en Sevilla sigue haciendo calor incluso de madrugada

Sevilla tiene un problema invisible cuando cae la noche: la temperatura puede dispararse hasta 8 grados

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En Sevilla, el calor no desaparece cuando cae el sol. De hecho, en algunos barrios ocurre justo lo contrario. Mientras los termómetros descienden con mayor rapidez en el entorno rural, el centro urbano continúa liberando durante horas la energía acumulada durante el día.

Es el conocido como efecto isla de calor urbana, un fenómeno cada vez más evidente en la capital andaluza y que agrava el impacto de las altas temperaturas sobre la población, especialmente durante los episodios extremos del verano.

La explicación es sencilla: materiales como el asfalto, el hormigón o las fachadas de los edificios absorben gran parte de la radiación solar durante las horas centrales del día y la devuelven lentamente al ambiente cuando anochece.

El resultado es que determinadas zonas de Sevilla pueden registrar temperaturas significativamente superiores a las de municipios cercanos o áreas con mayor presencia de vegetación.

Según explica Diario de Sevilla en un vídeo divulgativo publicado esta semana, la diferencia térmica entre el centro de la ciudad y el entorno metropolitano puede alcanzar hasta ocho grados durante la noche.

Esa persistencia del calor altera el descanso nocturno, incrementa la sensación de agobio y supone un riesgo añadido para determinados colectivos.

Sevilla: una ciudad que almacena calor

El crecimiento urbano y la configuración del espacio público desempeñan un papel decisivo. Las superficies oscuras y compactas absorben más energía solar que los espacios naturales.

A ello se suma la escasez de zonas verdes en determinados sectores de la ciudad y la concentración de edificios que dificultan la circulación del aire.

En Sevilla, donde los veranos ya son tradicionalmente intensos, este fenómeno adquiere una relevancia especial. Las olas de calor son más frecuentes y prolongadas, y las noches tropicales —aquellas en las que la temperatura no baja de los 20 grados— son cada vez más habituales. En algunos episodios se registran incluso noches ecuatoriales, con mínimas superiores a los 25 grados.

La acumulación térmica urbana hace que el alivio esperado tras la puesta de sol tarde más en llegar. El cuerpo humano dispone así de menos tiempo para recuperarse del estrés térmico soportado durante el día, una circunstancia que los expertos consideran especialmente preocupante en periodos de calor extremo.

Los más vulnerables son quienes más lo sufren

Las consecuencias del efecto isla de calor no afectan por igual a toda la población. Las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas, los menores de corta edad y quienes viven en viviendas con escasa capacidad de refrigeración constituyen los grupos más expuestos.

La falta de descanso derivada de temperaturas elevadas durante la noche puede agravar problemas cardiovasculares y respiratorios. También aumenta el riesgo de golpes de calor y de deshidratación cuando las altas temperaturas se prolongan durante varios días consecutivos.

A ello se añade un componente social. No todos los hogares disponen de aire acondicionado ni pueden asumir el incremento del consumo eléctrico asociado a su uso continuado. En consecuencia, el impacto del calor urbano tiende a ser mayor en sectores con menos recursos económicos.

Más sombra y menos hormigón

Las soluciones planteadas desde el ámbito urbanístico pasan por introducir elementos capaces de reducir la temperatura ambiental. Incrementar la presencia de árboles, crear corredores verdes, ampliar las superficies permeables o utilizar materiales que reflejen mejor la radiación solar figuran entre las medidas más citadas.

La estrategia para combatir este fenómenos se basa en una idea sencilla: menos hormigón y más vegetación, más árboles en las calles y avenidas. Adaptar la ciudad a un contexto de temperaturas cada vez más elevadas se ha convertido en un reto de salud pública y planificación urbana para una Sevilla que afronta, año tras año, veranos más largos y exigentes.