Los desconocidos murales y pinturas de la Giralda

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Cuerpo superior de la Giralda.
Campanario de la Giralda.

La restauración de la Giralda ha permitido hallar vestigios pictóricos de gran valor histórico. Los restos de la decoración original almohade, con su característico color almagra, y de las obras realizadas por Domingo Martínez en el siglo XVIII eran algunas de las sorpresas que se esperaban encontrar.

Esta cara norte, que mira hacia la calle del Cardenal Carlos Amigo, ha sido la menos expuesta a la lluvia y ello aumentaba las posibilidades de hallar estos tesoros del pasado.

Un viaje en el tiempo a través de la Giralda

La Giralda no siempre ha sido la torre sobria que conocemos hoy en día. En el siglo XVI, experimentó una transformación radical, adquiriendo un llamativo color almagra y siendo adornada con frescos de Luis de Vargas. Este programa iconográfico, compuesto por 75 obras, exaltaba a la Iglesia sevillana y narraba historias de santos y personajes relevantes de la diócesis.

En la zona superior de la fachada norte, bajo el cuerpo de campanas, se encontraban representados los apóstoles, evangelistas, doctores de la Iglesia y otros santos. En el cuerpo medio, se podían observar figuras de evangelistas a ambos lados del tercer y quinto balcón. Y en la zona inferior, mirando hacia la calle Placentines, destacaban las imágenes de las santas Justa y Rufina, los santos Isidoro y Leandro, y el martirio de San Hermenegildo.

La restauración de la cara norte de la Giralda no solo devolverá su esplendor a este emblemático monumento, sino que también nos permitirá recuperar una parte de su fascinante historia. Un viaje en el tiempo que nos invita a descubrir los secretos que aún guarda este gigante de piedra.

Los desconocidos murales y pinturas de la Giralda
Vista de la Giralda musulmana.

Los frescos perdidos de la Giralda: un misterio por descubrir

Las intenciones iniciales eran preservar las obras de Vargas, pero poco se sabe de la intervención de Martínez. El testimonio del Conde del Águila en la segunda mitad del siglo XVIII indica que las pinturas de Vargas habían desaparecido, dejando solo las de Martínez. Una pintura de David Roberts de 1833 confirma esta información, mostrando la decoración de la fachada norte.

Años más tarde, a mediados del siglo XIX, Fernández Casanova, junto a José Gestoso, emprendió una nueva restauración de la Giralda. Su objetivo era devolverla a su estado original, eliminando cualquier resto de pintura mural. Alfonso Jiménez, experto en la Catedral, concluyó que los frescos renacentistas, excepto los de la cara norte, fueron eliminados durante la «mejora» de mármoles realizada por Casanova.

Así la Giralda ha tenido diferentes decoraciones a lo largo de su historia: la almohade, la renacentista de Vargas y la de Domingo Martínez.

Los frescos ocultos

El cuadro de las Santas Justa y Rufina de Miguel de Esquivel (1621) nos ofrece una ventana al pasado, revelando los murales que adornaban la cara norte de la Giralda antes de su desaparición. Un tondo con la Anunciación, San Isidoro y San Leandro a los lados, y las Santas Justa y Rufina en el otro, coronaban el primer balcón. Encima, un arco polilobulado con un Calvario completo. Los balcones restantes mostraban a los Evangelistas, mientras que las otras caras de la torre se engalanaban con los Doctores de la Iglesia, los apóstoles y santos sevillanos.

Los desconocidos murales y pinturas de la Giralda
Murales destacados en la fachada de la Giralda en el pasado.

El coloso de la fe victoriosa

En 1568, para rematar la iconografía de la Giralda, se instaló el Giraldillo, un coloso en bronce policromado que simboliza la virtud de la fe victoriosa (o la fortaleza, según estudios recientes). Su policromía original consistía en color carne para la piel, azul y rojo para la túnica, y dorado para el casco, la coraza, el lábaro y la palma.
Las marcas del tiempo

El terremoto de Lisboa de 1755 dañó considerablemente la Giralda, lo que llevó a una reparación importante en 1770. En ese momento, se aprovechó para dorar el Giraldillo al completo. Curiosamente, la torre perdió sus bolas doradas en un terremoto, y cuatrocientos años después, otro seísmo le devolvió el remate dorado.

La Giralda no solo es un monumento de Sevilla, sino también un testigo de la Historia. Sus diferentes decoraciones, desde los frescos hasta el Giraldillo, nos permiten comprender mejor su evolución y el contexto cultural de cada época. La restauración actual nos brinda la oportunidad de descubrir nuevos secretos de esta torre gigante que siempre vigila Sevilla.