La visita secreta de San Fernando a la Sevilla musulmana

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Sevilla siempre fue una ciudad difícil de conquistar, estaba bien amurallada y el río era una parte importante para el aprovisionamiento de la misma.

Sevilla, una ciudad inaccesible

Así, en 1248, cuando el rey Fernando III «el Santo» sitió a la ciudad, se dio cuenta de las dificultades que entrañaba su conquista.

Ante la espera y la impaciencia decidió quitarse toda topa y signo de su realeza y entrar en la ciudad como si fuera un visitante más.

Por la noche se acercó a la Puerta de Córdoba, en la muralla, y cuando se abrió entró en la ciudad. Paseó por ella y contempló las defensas y la disposición de las tropas musulmanas.

Encaminó sus pasos hacia la fortaleza -el Alcázar- y comprobó la grandiosidad que tenía la misma junto a la Gran Mezquita de Sevilla.

En el campamento cristiano sólo unos pocos de sus hombres de confianza sabían de la acción del rey, de como estaba en la ciudad disfrazado de árabe.

Reprimenda real

El tiempo avanzaban y la inquietud por que pudiera haber sido descubierto también así que su guardia salió en su búsqueda. Por una zona con menor vigilancia escalaron la muralla y penetraron en la ciudad.

Al llegar a la Mezquita Mayor -Gran Mezquita- fueron descubierto y comenzó una lucha, el propio rey se unió a ellos y lograron escapar saliendo por la Puerta de Jerez.

Al llegar al campamento el rey reprendió a sus hombres, uno de ellos le dijo: «Mi buen rey, en paz estamos pues voz también entrasteis sin nuestro consejo«.

Aquella noche, en el campamento de Tablada, se sentaron las bases para la toma de Sevilla que, como en otras ocasiones, no fue tarea fácil.