Hermandad de Las Cigarreras.

Lo que ocurre entre Jueves Santo y Resurrección en Sevilla deja sin palabras cada año

Sevilla revive su pulso más intenso entre la solemnidad y la esperanza en la Semana Santa de 2026

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Aún queda mucha Semana Santa en Sevilla, así, tras los primeros días tenemos que el Jueves Santo de 2026 vuelve a desplegar una de sus jornadas más representativas, donde la ciudad articula fe, arte y tradición.

Siete hermandades recorren las calles en una secuencia perfectamente medida, que arranca con Los Negritos y concluye con Pasión, dejando estampas de enorme valor patrimonial y devocional. Las mantillas negras y el tono eucarístico marcan una jornada que equilibra recogimiento y solemnidad.

A primera hora, la ciudad despierta con la certeza de que el día estará marcado por la precisión de los horarios y el respeto a una liturgia que se repite generación tras generación.

La Exaltación aporta uno de los misterios más reconocibles, mientras Cigarreras traslada su impronta desde Los Remedios hasta el corazón histórico.

Montesión mantiene su fuerte arraigo en la calle Feria, y Quinta Angustia introduce una sobriedad musical que contrasta con el resto.

El Valle conserva una estética singular en sus nazarenos, y Pasión cierra con una elegancia que muchos consideran insuperable.

Paralelamente, los templos reciben visitas constantes durante la mañana, con especial atención a espacios emblemáticos que permiten comprender la dimensión espiritual de la jornada.

Viernes Santo entre luto y la tradición

Tras la intensidad de la Madrugá, Sevilla encara el Viernes Santo como un tiempo de silencio y contemplación. La ciudad adopta un tono más contenido, donde el negro de las mantillas y la sobriedad del cortejo dominan el paisaje urbano.

La Carretería abre la tarde con un repertorio barroco de gran riqueza, seguida por la Soledad de San Lorenzo, cuya antigüedad refuerza el carácter histórico de la jornada.

En Triana, la salida de La O y el paso del Cachorro concentran algunos de los momentos más intensos, con un público que responde con respeto y emoción. San Isidoro y Montserrat aportan equilibrio estético, mientras la Sagrada Mortaja introduce un cortejo de especial sobriedad.

Los itinerarios conducen a las hermandades hasta la Catedral en un tránsito ordenado, que mantiene la coherencia de la jornada.

Sábado Santo, transición y contraste

El Sábado Santo actúa como un espacio de transición entre el duelo y la esperanza. Cinco hermandades realizan su estación en un día donde conviven el silencio más estricto y acompañamientos musicales de gran intensidad.

El Sol abre la jornada con una estética particular, seguido por los Servitas, cuyo discurso visual se apoya en la sobriedad y el equilibrio formal.

La Trinidad introduce uno de los conjuntos alegóricos más complejos, mientras el Santo Entierro asume el carácter oficial con una narrativa que recorre muerte y duelo institucional. La Soledad de San Lorenzo clausura el día con un paso único de gran carga simbólica, cerrando la Catedral en un ambiente de respeto absoluto.

Domingo de Resurrección, la ciudad renace

El Domingo de Resurrección transforma el pulso emocional de Sevilla. La Hermandad de la Resurrección sale desde Santa Marina en una mañana luminosa, donde el blanco sustituye al negro y la música adquiere un tono festivo.

El Señor Resucitado y la Virgen de la Aurora recorren el centro hasta la Catedral, marcando el cierre de la semana. En paralelo, la plaza de toros reabre su temporada y la ciudad recupera un ambiente más distendido, que se extiende por barrios y plazas.

La celebración se vive como una afirmación colectiva de continuidad, donde tradición y vida cotidiana vuelven a encontrarse sin perder la memoria de lo vivido durante los días previos.

Este cierre festivo no elimina la huella emocional de las jornadas anteriores, sino que la integra en una narrativa compartida que define la identidad de la ciudad y proyecta su herencia hacia el futuro inmediato, con plena vigencia a nivel cultural y religioso en la ciudad.

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