Proyecto de la Mezquita de Sevilla.

"También somos Sevilla": la comunidad musulmana responde tras la polémica por la nueva mezquita

La comunidad musulmana del Polígono Sur reivindica su lugar en Sevilla tras la autorización del nuevo centro islámico

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La autorización municipal para construir un centro cultural islámico en el entorno del Polígono Sur, en Sevilla, ha vuelto a situar el proyecto en el centro del debate ciudadano.

Mientras la decisión ha provocado un nuevo choque político en el Ayuntamiento de Sevilla, desde la comunidad musulmana insisten en que la iniciativa responde a una necesidad histórica y rechazan que el futuro complejo sea presentado como un problema para el barrio.

Los promotores sostienen que forman parte de la realidad social de la ciudad y defienden que el equipamiento aspira a convertirse en un espacio abierto con actividades culturales, educativas y comunitarias.

Un proyecto que supera el uso exclusivamente religioso

El plan contempla la construcción de un centro de más de 6.000 metros cuadrados impulsado por la Fundación Mezquita de Sevilla.

Si bien es cierto incluirá un espacio destinado al culto islámico, la mayor parte de la superficie estará reservada para otros usos, como salas polivalentes, espacios para actividades culturales, despachos, zonas de encuentro, cafetería y otros servicios vinculados a la vida comunitaria.

El diseño corresponde al arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, y la iniciativa lleva más de dos décadas de tramitación administrativa antes de recibir el visto bueno urbanístico.

La Gerencia de Urbanismo concluyó que la actuación se ajusta a la normativa vigente y que el uso previsto resulta compatible con la calificación urbanística de la parcela.

Los informes técnicos también descartaron la necesidad de abrir un procedimiento adicional de participación ciudadana para conceder la licencia, al tratarse de un acto reglado sujeto al cumplimiento de la legislación urbanística.

El respaldo legal choca con la confrontación política

La aprobación de la licencia ha generado una fuerte tensión entre el Partido Popular y Vox, socios en el Ayuntamiento sevillano. La formación de Santiago Abascal había solicitado frenar el proyecto y defendía la celebración de una consulta vecinal antes de autorizar las obras.

Tras la decisión de Urbanismo, Vox anunció nuevas acciones políticas y jurídicas contra la iniciativa y elevó el tono de sus críticas hacia el gobierno municipal.

El alcalde José Luis Sanz, por su parte, ha mantenido que el Ayuntamiento de Sevilla estaba obligado a resolver el expediente conforme a criterios exclusivamente técnicos y legales.

Desde el gobierno local se insiste en que una administración no puede denegar una licencia cuando el proyecto cumple todos los requisitos exigidos por la normativa, independientemente del debate político que pueda suscitar.

La controversia también ha tenido reflejo fuera de las instituciones. En los últimos días se han celebrado concentraciones de vecinos contrarios al proyecto, acompañadas de una recogida de firmas para intentar frenar su desarrollo.

Los participantes sostienen que el barrio necesita otras inversiones prioritarias, mientras que los promotores consideran que se está trasladando una imagen distorsionada de la iniciativa y recuerdan que se trata de una actuación financiada con recursos privados.

Los promotores apelan a la convivencia con la futura mezquita de Sevilla

Frente a la polémica, los responsables del proyecto defienden que la futura instalación pretende integrarse en la vida del barrio y ofrecer servicios abiertos a la ciudadanía, más allá del ámbito estrictamente religioso.

También recuerdan que la comunidad musulmana forma parte desde hace años del tejido social sevillano y reclaman que el debate se centre en el cumplimiento de la ley y no en cuestiones identitarias.

La autorización urbanística no pone fin a la controversia política, pero sí desbloquea un expediente que llevaba años pendiente de resolución. Con la licencia ya concedida, el siguiente paso será el inicio de las obras cuando los promotores decidan activar el proyecto.

Entre tanto, el futuro centro cultural islámico continúa dividiendo opiniones entre quienes lo consideran una oportunidad para dotar de nuevos servicios a la zona y quienes mantienen su rechazo a la iniciativa, en un debate que trasciende el ámbito urbanístico y se proyecta sobre la convivencia, la libertad religiosa y el modelo de ciudad que defienden los distintos actores implicados.

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