Barriles con desechos radioactivos en el fondo del océano, un robot los manipula.
Barriles con restos radiactivos en el fondo de océano.

Más de 200.000 barriles radiactivos descansan en el fondo del Atlántico: científicos de Sevilla investigan qué ha ocurrido con ellos

Sevilla analizará muestras tomadas a 4.700 metros junto a los residuos radiactivos hundidos frente a Galicia

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Las profundidades del Atlántico Nordeste guardan miles de toneladas de residuos de una etapa en la que arrojar material radiactivo al océano era una práctica aceptada por varios países europeos. Ahora, parte de las muestras recogidas junto a esos depósitos viajarán hasta Sevilla.

Investigadores de la Universidad de Sevilla y el Centro Nacional de Aceleradores (CNA) participan en la campaña internacional Nodssum, que estudia qué ha ocurrido con los barriles y hasta qué punto las sustancias que contenían se han dispersado por el medio marino.

Un submarino baja hasta los barriles del fondo del Atlántico

La campaña se ha desarrollado a bordo del buque oceanográfico Pourquoi Pas? bajo el liderazgo del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS).

El área investigada se encuentra a cientos de kilómetros de Galicia y constituye una de las grandes zonas históricas utilizadas en Europa para depositar residuos radiactivos en aguas profundas.

Las estimaciones sitúan en más de 200.000 los barriles arrojados en esta región del océano, procedentes principalmente de actividades nucleares civiles y de investigación.

Los vertidos se realizaron durante varias décadas del siglo XX. La campaña científica trata ahora de determinar su estado y estudiar su posible interacción con un ecosistema situado a miles de metros bajo la superficie.

Para llegar hasta allí, los investigadores han utilizado el Nautile, un submarino tripulado preparado para trabajar hasta los 6.000 metros de profundidad. Durante las inmersiones se han superado los 4.700 metros y se han obtenido muestras de agua, sedimentos y organismos marinos localizados en las proximidades de los contenedores.

La investigación llega después de que trabajos recientes en la Fosa Atlántica hayan permitido observar directamente el estado de algunos depósitos.

La expedición francesa desarrollada entre mayo y junio documentó un deterioro avanzado en varios barriles y detectó radionucleidos característicos de estos residuos en niveles superiores a los esperados en el área, aunque las concentraciones registradas se mantenían bajas.

Las muestras tendrán una segunda vida científica en Sevilla

Una parte decisiva del trabajo comenzará lejos del océano. El Centro Nacional de Aceleradores, institución mixta de la Universidad de Sevilla, la Junta de Andalucía y el CSIC, será responsable de analizar muestras obtenidas durante la expedición mediante Espectrometría de Masas con Aceleradores, conocida por las siglas AMS.

Esta técnica permite detectar radionucleidos presentes en concentraciones extremadamente pequeñas. Entre los elementos de interés se encuentran determinados isótopos de uranio y plutonio asociados a la actividad nuclear.

El objetivo no consiste únicamente en comprobar su presencia: los análisis pueden aportar información sobre el origen del material y ayudar a reconstruir cómo se ha desplazado por el medio marino.

El CNA dispone de la única instalación AMS actualmente operativa en España, según la información divulgada sobre la campaña. Esa capacidad permite abordar investigaciones de contaminación ambiental, trazabilidad isotópica y caracterización de residuos nucleares con niveles de detección especialmente bajos.

Qué buscan los científicos entre agua, sedimentos y organismos

La pregunta central es qué sucede con estos residuos después de permanecer durante décadas sometidos a las condiciones extremas del océano profundo. Comparar muestras de agua, sedimentos y organismos permitirá estudiar posibles rutas de dispersión y conocer mejor la relación entre los radionucleidos y el ecosistema que rodea los antiguos vertidos.

El trabajo sevillano se apoyará además en metodologías desarrolladas dentro del proyecto Leams, centrado en nuevas aplicaciones de la espectrometría de masas con aceleradores de baja energía para problemas ambientales y para la gestión de residuos nucleares.

La campaña reúne a instituciones de Francia, España, Alemania, Noruega y otros países europeos. Para el equipo de Sevilla supone trasladar al laboratorio muestras obtenidas en un entorno difícilmente accesible y aplicar técnicas de alta sensibilidad a un problema que permanece en el fondo del Atlántico desde hace décadas: determinar qué rastro han dejado aquellos vertidos y cómo evolucionan sus materiales bajo más de cuatro kilómetros de agua.