Agente de la Guardia Civil revisando fardos de hachís.

Cae en Isla Mayor un punto clave del narcotráfico con casi 1.000 kilos de hachís ocultos en cocheras

Golpe al narcotráfico en Sevilla: cae una “guardería” con casi una tonelada de hachís en Isla Mayor

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La actuación de la Policía Nacional en Isla Mayor ha destapado una infraestructura clave en la logística del narcotráfico en la provincia de Sevilla, donde el almacenamiento y la movilidad de la droga se combinaban en espacios aparentemente discretos.

La intervención no fue fruto de la casualidad. Durante meses, los agentes siguieron una serie de indicios que apuntaban a un uso irregular de dos cocheras situadas en Isla Mayor.

Lo que en apariencia eran espacios destinados a guardar vehículos acabó revelándose como un punto estratégico para el almacenamiento de droga y la operativa de transporte.

Las pesquisas comenzaron a finales del pasado año, cuando los investigadores detectaron movimientos sospechosos vinculados a vehículos de gran potencia.

Las entradas y salidas a horas poco habituales, junto con la rotación de todoterrenos, despertaron las primeras alarmas.

A partir de ahí, se estableció un dispositivo de vigilancia que permitió confirmar que ambos inmuebles estaban siendo utilizados como “guarderías”, un término habitual en el argot policial para referirse a lugares donde se oculta droga antes de su distribución.

El operativo culminó con el registro simultáneo de las dos cocheras. En su interior, los agentes localizaron cerca de una tonelada de hachís, distribuida en fardos preparados para su traslado. Además, se recuperaron cuatro vehículos todoterreno que habían sido sustraídos y que, presuntamente, estaban destinados a labores logísticas dentro de la red.

Detenciones de la Policía Nacional y conexión con redes de distribución

Como resultado de la intervención, dos personas fueron detenidas por su presunta implicación en delitos contra la salud pública. Ambos arrestados fueron puestos posteriormente a disposición judicial, en un procedimiento que continúa abierto y bajo secreto en algunos de sus extremos.

Las primeras hipótesis apuntan a que los detenidos desempeñaban funciones específicas dentro de la cadena delictiva. No se trataría de los responsables directos de la introducción de la droga en territorio nacional, sino de eslabones intermedios encargados del almacenamiento y la preparación de los envíos hacia otros puntos del país o incluso del extranjero.

Este tipo de estructuras responde a un modelo cada vez más fragmentado, donde las organizaciones criminales dividen tareas para dificultar la labor policial.

La existencia de “guarderías” permite reducir riesgos, ya que separa la droga de quienes la transportan o distribuyen, complicando la identificación de los responsables finales.

Los vehículos recuperados, por su parte, refuerzan la hipótesis de una red organizada. Los todoterrenos, sustraídos previamente, suelen ser utilizados por su potencia y capacidad para circular por terrenos complicados, lo que facilita eludir controles y acceder a zonas de difícil vigilancia.

La sombra de la “Ruta del Hachís” por el Guadalquivir

Uno de los aspectos que cobra especial relevancia en esta operación es la posible vía de entrada de la droga. Los investigadores no descartan que el alijo haya llegado a través del río Guadalquivir, una ruta que en los últimos años ha recuperado protagonismo dentro del tráfico de estupefacientes.

El uso de embarcaciones rápidas, conocidas como planeadoras, se ha consolidado como uno de los métodos más eficaces para introducir grandes cantidades de hachís desde el norte de África.

Estas lanchas aprovechan la desembocadura del río para adentrarse en territorio interior, evitando en muchos casos los controles más estrictos del litoral.

La conocida como “Ruta del Hachís” convierte al Guadalquivir en un corredor estratégico para las organizaciones criminales.

Desde allí, la droga puede ser trasladada rápidamente a puntos como Isla Mayor, donde queda almacenada de forma temporal antes de su distribución.

Este fenómeno ha obligado a reforzar la vigilancia en la zona, aunque la extensión del río y la capacidad de adaptación de las redes dificultan su control total.

La operación Rabbit se enmarca, precisamente, dentro de este esfuerzo por frenar una actividad que ha evolucionado en los últimos años, incorporando nuevas tácticas y ampliando sus áreas de influencia.

La investigación continúa abierta, y no se descartan nuevas detenciones en los próximos días.

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