Familia sorprendidos ante una sesión de ouija.
Sesión de ouija.

La sesión de ouija que cambió para siempre la vida de una familia en Torreblanca

De buscar a un familiar fallecido a oír voces en casa: el episodio de Torreblanca  

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Torreblanca es un barrio de Sevilla que suele aparecer en las crónicas de sucesos más allá de lo cotidiano. Se trata de un barrio popular, con vida de vecindario y sus propias rutinas. No obstante, hace algo menos de un año, una vivienda situada en una de sus calles interiores, en la calle Torres Quevedo, se convirtió en un punto de investigación paranormal.

Todo se debió a un episodio que aún hoy provoca incomodidad entre quienes lo vivieron y quienes lo conocen. Todo comenzó una tarde de invierno, en el interior del domicilio, dos adultos y dos menores (niño y niña, de 14 y 16 años) decidieron realizar una sesión de ouija. Los chavales siempre había querido practicar con la ouija pero sus padres frenaban aquellos intentos de "contacto" con el más allá argumentando que era "un juego peligroso".

Pero las circunstancias en la familia se hicieron dolorosas al fallecer el abuelo paterno de los jóvenes y, aprovechando la ausencia de sus padres, llamaron a dos amigos, de 18 y 19 años, para que acudieran a su casa a participar con ellos.

El motivo era íntimo y doloroso iba a tratar de contactar con ese familiar fallecido pocos días antes. Obviamente la experiencia era nula y sólo uno de ellos había presenciado alguna ouija con su hermana, pero no pasaba de ahí. Todo era como una especie de acto impulsivo, marcado por el cariño a su abuelo y la necesidad de respuestas, sobre todo saber si estaba bien en "el otro lado".

Sesión de ouija en Torreblanca

La sesión se alargó más de lo previsto. Al principio, el ambiente era casi de broma, más bien distendido. Tomaron la tabla ouija y usaron de master un vaso se movía con lentitud, pero se movía, en un principio "pensamos que sería alguno de los demás gastando una broma" decía Raúl, uno de los chicos.

Pero no, Manuel, el que "más" experiencia tenía me decía "hubo un momento en el que el vaso se movió y fue más rápido que nuestros dedos y siguió marcando la letra siguiente". Así las preguntas surgían entre dudas y los lógicos nervios.

Risas nerviosas, silencios prolongados, nada fuera de lo cabía esperarse hasta que algo cambió. El aire se volvió muy frío, uno de los menores, Ana, rompió a llorar de forma repentina, sin causa aparente. La sesión fue más dura, comenzó a decir palabras como "muerte", "dejad en paz a los muertos", "no soy tu abuelo", "os arrepentiréis" mientras que todos compartían la misma sensación: algo se había salido de control.

Esa misma noche, en la casa, aparecieron los primeros indicios de que algo no había ido bien. Golpes secos en las paredes, pasos en el pasillo cuando nadie estaba despierto y levantado. Una puerta apareció abierta pese a haber sido cerrada con llave. Luces que se encendían y apagaban y que sus padres lo achacaron a la instalación eléctrica una vez que llegaron y también vivieron los hechos.

Detalles aislados, pero que iban sumando y eran inquietantes. Demasiados para atribuirlos al azar, y los chicos callados sin hablar de lo que habían hecho en la casa.

Más fenómenos extraños en la casa

Con el paso de los días, los episodios se intensificaron enormemente. Los menores comenzaron a hablar que veían la presencia de sombras al fondo del pasillo, siempre a la misma hora, justo antes de dormir.

Uno de los niños, Ana, hablaba de una figura masculina, oscura, que permanecía inmóvil justo en el umbral de su habitación. Los padres trataron de calmar el miedo y la situación atribuyéndolo al estrés, la sugestión o el miedo infantil alimentado por "películas y lo que los chavales se cuentas" me refería José Antonio, el cabeza de familia.

Pese a ello, había hechos difíciles de explicar como era que el televisor se encendía solo de madrugada y pequeños objetos aparecían en lugares distintos a los habituales. Sospechando algo la madre habló con los chicos y estos confesaron que habían hecho una sesión de ouija con los amigos, que se habían asustado y que había cerrado "de cualquier forma la sesión" me decía Nuria, la madre de los chicos.

El punto mayor temor y terror fue cuando escucharon "las voces". José Antonio me explicó que "primero, susurros apenas perceptibles. Después, llamadas por el nombre, siempre desde habitaciones vacías".

Según pude saber, acompañado del investigador sevillano José Luis García, fue entonces cuando la familia decidió pedir ayuda, sabedores de la ouija realizada, lo primero fue llamar a un sacerdote amigo que acudió al domicilio para realizar una bendición.

Pero también contactaron con mi persona para tratar de explicar los fenómenos paranormales en la casa, derivándose que podría haberse abierto "algo" -mental o paranormal- provocado por el uso de la ouija, una teoría habitual en este tipo de casos.

Tras diferentes intervenciones e investigaciones de algunos fenómenos pudimos captar psicofonías en este lugar y constatar las bajadas de temperatura muy abruptas o de sentir pasos. La acción del médium Rafael de Alba hizo que estos fenómenos parecieran remitir.

Si embargo otros persistieron durante meses como son los cambios bruscos de temperatura en estancias concretas o la persistente sensación de no estar solos así como de un olor extraño, difícil de describir, que aparecía sin previo aviso y desaparecía del mismo modo.

"Los niños han escrito a "Cuarto Milenio" para que vengan y un tipo también dijo que era del equipo externo de "Cuarto Milenio" y dijo de venir pero hasta hoy" indica el padre, "nosotros hemos preferido llamarte a ti", sabedor que ni ellos ni yo tenemos el "remedio" para este tipo de situaciones.

Pocos son los vecinos conocen esta historia y menos aún los que se atreven a comentarla abiertamente. En Torreblanca se desconoce mucho este caso pero lo cierto es que la familia prefiere estar en la creencia que lo que "había aquí en nuestra casa" ya se ha ido. De momento hay tranquilidad aunque, como decía Rafael de Alba "nunca se sabe hasta cuando puede durar la tranquilidad".

La ouija es una herramienta, pero hay que conocerla y no entenderla como un juego si no se quiere despertar fuerzas que no llegamos ni a controlar ni a entender.