Patio y sombra en la casa abandonada de Lebrija.
Casa abandonada de Lebrija.

La casa abandonada de Lebrija donde las ‘voces de nadie’ siguen oyéndose

Investigadores captan psicofonías y una sombra en una casa intacta de Lebrija

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En las afueras de Lebrija hay un cortijo en el cual destaca una casa, simple vista, su fachada conserva la dignidad de otra época, con sus muros encalados, portones de madera desgastada y un aire de silencio que la separa del bullicio cotidiano del pueblo.

Pero quienes se han atrevido a cruzar su puerta aseguran que, dentro, el silencio tiene sonido propio. Allí, en una casa abandonada pero sorprendentemente intacta, un grupo de investigadores ha documentado una serie de fenómenos que se escapan la lógica.

La investigación que llevamos a cabo estuve acompañado por José Luis García y Rafael de Alba, dos experimentados miembros de su equipo. Juntos, nos adentramos en el enigmático inmueble tras conocer los rumores que circulaban entre los vecinos y urbex (exploradores urbanos).

Allí se escuchan voces de nadie, se ven luces y hay una presencia que ha inquietado a muchos de los que han entrado en su interior.

A diferencia de otros lugares abandonados, esta casa en Lebrija no ha sufrido el paso destructor del vandalismo. Los muebles aún ocupan su lugar, la vajilla descansa en los estantes y una vieja radio permanece en la mesilla del salón, como si alguien fuera a regresar en cualquier momento.

“Es lo que más nos impresionó”, relata José Luis García. “La casa no parecía un sitio abandonado, sino detenido en el tiempo. Todo estaba tan ordenado que daba la sensación de que sus dueños acababan de salir”.

Los registros confirman que la vivienda pertenece a una familia que emigró hace décadas y nunca regresó. Desde entonces, el inmueble ha permanecido cerrado, ajeno al deterioro que suele acompañar al abandono.

Pero esa preservación casi milagrosa parece esconder algo más. Los primeros exploradores urbanos y curiosos, comenzaron a difundir en redes sociales sus experiencias tales como bajadas súbitas de temperatura, ruidos inexplicables y orbes luminosos que aparecían en sus fotografías.

Uno de ellos, bajo el seudónimo de “UrbanShadow”, describió su experiencia en un foro especializado: “Llevaba una cámara térmica y noté cómo el ambiente descendía varios grados sin motivo aparente. En el pasillo central se me empañó el visor, como si alguien hubiera exhalado cerca de mí. Salí con una sensación de presión en el pecho, como si me hubieran observado todo el tiempo”.

Las primeras evidencias en la casa encantada de Lebrija

El equipo se propuso verificar estas afirmaciones con un enfoque riguroso. Equipados con grabadoras digitales, sensores de temperatura y cámaras infrarrojas, iniciaron una serie de sesiones controladas.

La primera noche, mientras registraban el ambiente del salón principal, las grabadoras captaron psicofonías que posteriormente fueron analizadas en estudio.

Una de las voces, claramente masculina, susurraba algo que los investigadores interpretaron como “no entréis”. Otra, más aguda y quebrada, parecía repetir una palabra ininteligible pero insistente.

Rafael de Alba, recuerda el momento con precisión: “Al principio pensamos que era interferencia, pero al analizar las frecuencias vimos que no había explicación técnica. Las voces no procedían de ninguna fuente conocida ni coincidían con nuestras propias voces. Estaban allí, grabadas en el silencio”.

Las cámaras también captaron fenómenos inusuales. En la esquina de una de las habitaciones, un pequeño orbe luminoso cruzó el encuadre en diagonal, emitiendo una débil irradiación azulada.

“Fue un instante breve, pero nítido”, explica José Luis García. “No era polvo, no era un reflejo; el movimiento tenía dirección y velocidad constantes, algo imposible de reproducir con partículas suspendidas”.

La noche del descenso térmico

La tercera visita al inmueble resultó ser la más impactante. En pleno verano andaluz, cuando las temperaturas exteriores rondaban los 28 grados, el equipo registró un descenso abrupto hasta los 12 grados en una de las habitaciones interiores.

Fue una bajada repentina, como si alguien hubiera abierto una puerta invisible a otro lugar. El aire se volvió "denso", y todos sentimos una vibración que no sabríamos describir. Era una mezcla de frío físico y presión emocional.

En ese mismo momento, las grabadoras volvieron a activarse solas. El archivo resultante contenía un sonido similar a un gemido, seguido de un golpe seco. Cuando revisaron las imágenes, notaron que una sombra se deslizaba brevemente por el pasillo, justo detrás del equipo.

Ninguno de los presentes la vio en tiempo real. “Es la típica manifestación de energía residual”, sugiere Rafael de Alba. “Podría ser un eco psíquico del pasado, una impresión que quedó grabada en el entorno”.

Durante los días siguientes, el equipo contrastó las psicofonías con testimonios de vecinos de Lebrija. Una mujer de edad avanzada, que pidió mantener el anonimato, aseguró que la casa había pertenecido a un matrimonio sin hijos.

“Eran buena gente, pero se decía que él murió repentinamente dentro, una noche de verano. Desde entonces, nadie quiso volver a vivir allí. La familia se marchó y cerraron todo”. Esta historia, que podría parecer un simple rumor, coincidía con la cronología que el equipo había reconstruido.

No se trata de afirmar ni negar lo paranormal y nuestra presencia allí era para documentar los hechos, registrar los fenómenos y presentarlos con la mayor objetividad posible. Lo cierto es que allí suceden cosas que la ciencia aún no puede explicar del todo.

Hoy, la casa de Lebrija sigue en pie, ajena a la curiosidad que despierta su nombre entre los amantes del misterio. Las grabaciones y los registros térmicos obtenidos por el equipo se han convertido en material de estudio para investigadores y aficionados.

Algunos creen que el lugar es una especie de cápsula, otros, más escépticos, sostienen que todo podría explicarse por causas naturales tales como las manidas corrientes de aire, humedad, o simples ilusiones ópticas.

Sea cual sea la verdad, quienes han entrado en esa casa coinciden en algo y es que el ambiente cambia. No es miedo, dicen, sino respeto. “Hay una energía especial”, afirma José Luis García. “Uno siente que no está solo, aunque no vea a nadie. Es como si las paredes tuvieran memoria”.

No siempre se trata de fantasmas, sino de la relación entre el tiempo, la emoción-sentimiento y los lugares. Hay casas que simplemente guardan demasiados secretos.