Antiguos almacenes Vilima.

El antiguo Vilima de Sevilla: el terrible incendio y las posteriores historias paranormales que marcaron al edificio

El edificio del centro de Sevilla que estuvo décadas rodeado de misterio y hoy es un hotel

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Durante décadas, el edificio de los antiguos almacenes Vilima, en pleno centro de Sevilla, arrastró una fama incómoda. Cerrado durante años, deteriorado y rodeado de historias difíciles de comprobar, el inmueble terminó convertido en uno de los escenarios más citados dentro de las leyendas urbanas sevillanas.

Hoy, transformado en hotel, su imagen poco tiene que ver con aquella mole silenciosa de la calle Puente y Pellón, pero el relato sobre lo que supuestamente ocurrió en su interior sigue formando parte de la memoria popular de la ciudad.

Vilima abrió sus puertas a comienzos de los años sesenta impulsado por el empresario almeriense José Lirola Cerezuela, que apostó por un modelo todavía poco habitual en Sevilla: un gran almacén donde el cliente pudiera encontrar productos de todo tipo. Un gran acierto que demostró la excelsa visión comercial que tenía este empresario.

Frente al comercio especializado que dominaba entonces el centro histórico, el nuevo establecimiento se presentó como una alternativa moderna. El nombre del negocio surgía de la unión entre “Victoria” y “Lirola”, en referencia a la hija menor del propietario.

Vilima: el incendio de 1968 y la tragedia que marcó al edificio

El crecimiento comercial del establecimiento se vio interrumpido el 27 de julio de 1968. Aquel día, un incendio declarado en el interior del edificio provocó una de las tragedias más recordadas por el cuerpo de bomberos de Sevilla.

Durante las labores de extinción murieron los bomberos Francisco Rivero Pérez y Joaquín del Toro Anta, un suceso que dejó una profunda huella en la ciudad, que luego recogieron las agencias de prensa nacionales, hoy ambos bomberos tienen una plaza en su honor cerca de la estación de Cádiz, en Sevilla.

La magnitud del incendio obligó a rehabilitar el inmueble. Tras las obras, Vilima volvió a abrir el 1 de diciembre de 1969, aunque el golpe emocional y el avance de nuevos competidores comerciales ya habían cambiado parte del panorama económico sevillano.

Primero Galerías Preciados y después El Corte Inglés terminaron por reducir el peso que aquellos grandes almacenes habían tenido durante sus primeros años de actividad.

Pese a ello, Vilima continuó funcionando hasta 2001. El cierre del edificio abrió una nueva etapa. Las persianas bajadas durante años, la ausencia de actividad y el deterioro del inmueble alimentaron todo tipo de rumores. Fue entonces cuando comenzaron a extenderse con más fuerza historias relacionadas con supuestos fenómenos paranormales.

A partir de ese momento, el antiguo almacén pasó de ser un referente comercial a convertirse en uno de los lugares más citados por aficionados al misterio en Sevilla.

Vigilantes de seguridad, trabajadores ocasionales y personas vinculadas al edificio aseguraban haber escuchado voces, sentido cambios bruscos de temperatura o visto sombras en algunas plantas, especialmente en la tercera.

Psicofonías, sombras y relatos de lo imposible

Gran parte de las historias asociadas al edificio se difundieron a finales de los años noventa y principios de los 2000, habiéndose vivido allí cuando el comercio aún estaba abierto. Ello me motivó a hacer una investigación, junto a un equipo de profesionales, que nos generó muchísimas sorpresas y argumentos sobre lo que sucedía en su interior.

Algunas versiones apuntaban a movimientos extraños en la sección de juguetería cuando el negocio todavía estaba abierto. Otras hablaban de ascensores que se detenían en plantas vacías o de sensaciones inquietantes en determinadas zonas del inmueble.

Uno de los testimonios más repetidos fue el de dos adolescentes que, según el relato difundido posteriormente, quedaron atrapadas en un ascensor que insistía en abrirse en una tercera planta completamente oscura, donde solo distinguían maniquíes entre la penumbra. El episodio terminó formando parte de las historias populares vinculadas al edificio.

También circularon versiones sobre supuestas sesiones de ouija realizadas en el interior del inmueble tras su cierre, aunque nunca llegaron a confirmarse.

El acceso al edificio estaba vigilado y quienes conocían el lugar sostienen que entrar no resultaba sencillo. Esa falta de pruebas alimentó todavía más la mezcla entre realidad, exageración y ficción que terminó envolviendo a Vilima.

En una ruta por Sevilla, con un numeroso grupo una mujer nos comentó: "Yo trabajé doce años en Vilima y juro que pasaban cosas, había veces que te sentías acompañada, otras te tocaban y sentías el tacto frío, te girabas y no había nadie, pero lo peor es cuando ibas al baño y en ese pasillo veías una sombra cuando no había nadie, allí lo pasé mal".

Otra testigo, trabajadora del almacén, relataba: "Yo había veces que iba al almacén de zapatería y era horrible por que cambiaban los zapatos, las cajas de sitio, y eso era un problema por que siempre estaban por modelo y número de pie, si se ponía en un lugar incorrecto era un lío y eso, eso, no lo hacía nadie de nosotras".

El episodio más citado por los aficionados al misterio fue una psicofonía registrada en el interior del edificio años después del cierre. En aquella grabación, en ella se escuchaba un sonido similar al crepitar de unas llamas acompañado de una voz ahogada y esa psicofonía la tenemos en nuestro archivo de audio.

Desde entonces aparecieron interpretaciones muy diversas aunque nunca existió ninguna evidencia que permitiera sostener esa teoría.

Igualmente se han realizado diferentes sesiones de psicofonías en el exterior del edificio, en la calle, en unas condiciones de silencio aceptables, siendo positivo el resultado, se registraron inclusiones muy llamativas.

También hay que dar voz a los antiguos propietarios, personas cercanas a la familia Lirola siempre rechazaron cualquier explicación paranormal. Tuve una entrevista con un familiar y defendió ante mi persona que muchas de las situaciones descritas tenían explicaciones cotidianas.

ÉL me indicaba que los juguetes que se movían solos, afirmaba, funcionaban porque estaban activados o porque se les daba cuerda. Para la familia, el incendio fue una tragedia real, pero las historias posteriores pertenecían al terreno de la imaginación popular.

Del abandono al hotel que cambió la imagen del inmueble

El edificio permaneció cerrado durante años mientras distintos proyectos intentaban hacerse con el inmueble. Uno de los momentos que devolvió temporalmente actividad al viejo Vilima llegó con el rodaje de la película “Crimen Ferpecto”, dirigida por Álex de la Iglesia.

Parte del equipo habló entonces de ruidos extraños o sensaciones incómodas durante la grabación, aunque nunca hubo pruebas objetivas que respaldaran esos comentarios.

Entre tanto, la leyenda negra seguía creciendo. Incluso se llegó a contar que una placa colocada en homenaje a los dos bomberos fallecidos aparecía repetidamente caída al día siguiente de instalarse en la fachada. Finalmente, el recuerdo a las víctimas terminó trasladándose al parque de bomberos de San Bernardo.

La sociedad Vilima SA acordó su disolución en julio de 2010. Poco después comenzaron los planes definitivos para transformar el edificio. La operación urbanística resultó compleja debido a las características del inmueble y a su ubicación en pleno casco histórico, pero finalmente una cadena hotelera acometió la rehabilitación integral del espacio.

La apertura del hotel puso fin a años de abandono y devolvió actividad a uno de los edificios más conocidos del centro de Sevilla. La reforma eliminó la imagen decadente que había acompañado al inmueble durante años, aunque no consiguió borrar del todo las historias que crecieron alrededor de él.

Hoy, el antiguo Vilima mantiene ese doble papel: por una parte símbolo de una etapa comercial desaparecida y escenario de una de las historias paranormales más persistentes de la ciudad.

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