El Gran Poder por el barrio de Nervión.

La historia del Gran Poder que emocionó a Sevilla pero no ocurrió como todos creen

Durante años se creyó este milagro del Gran Poder: ahora se conoce lo que realmente pasó

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La tradición oral en Sevilla ha construido relatos que oscilan entre la fe, la emoción y la reinterpretación del pasado.

Uno de los más repetidos durante décadas tiene como protagonista al Sevilla Fútbol Club, al exjugador Juan Araujo y a la venerada imagen del Jesús del Gran Poder.

No obstante, tras el peso simbólico de la historia, emerge una versión documentada que matiza —y sólo en parte desmonta— el relato popular.

Entre la fe, el dolor y la construcción del mito y el Gran Poder

La narración más extendida sitúa los hechos en 1965, cuando Juan Araujo, profundamente devoto, atravesaba un momento personal devastador debido a la enfermedad de uno de sus hijos.

Según esta versión, el exfutbolista habría implorado sin descanso al Gran Poder por la recuperación del menor.

La supuesta muerte del niño habría provocado una ruptura espiritual, llevándolo a renegar de su fe y a prometer que solo volvería a encontrarse con la imagen si esta acudía a su propia casa.

Nunca se puede desear algo con fuerza u odiar de tal manera que se convierta en olvido. Siempre queda un pozo en un rincón del alma que te recuerda los motivos, como un remordimiento eterno.

Así, se realizaban en Sevilla las llamadas Misiones Populares en las cuales, determinadas imágenes hacían un recorrido a barrios más allá del recorrido que hacían en Semana Santa o los vía crucis.

Ese año al Gran Poder le correspondió visitar Nervión, justo donde Juan había instalado un taller con el que se ganaba la vida. Pero el azar, o las leyes de Dios, son difíciles, y el día que estaba procesionando comenzó a llover teniendo que buscar un rápido cobijo donde proteger la imagen.

La iglesia más cercana estaba cerrada y lo más parecido donde resguardar al Cristo era una nave cercana. Llamaron a la puerta, Juan preguntó: «¿Quién es?», y una voz respondió al otro lado «El Gran Poder», presto se apresuró a abrir y ante él se encontró al Señor de Sevilla, pidiendo entrar en su casa.

Juan cayó de rodillas ante la prodigiosa imagen arrepintiéndose de su acción y por haber dejado la fe.

Este tipo de relatos encajan con una tradición sevillana donde la religiosidad popular se entrelaza con experiencias personales intensas.

La historia adquirió fuerza con el paso del tiempo, transmitida de forma curiosa y sorprendente generación en generación, hasta consolidarse como una de las leyendas sin dudas más emotivas de la ciudad.

El dramatismo del argumento, unido a la devoción masiva hacia la imagen, contribuyó a su rápida difusión y aceptación social.

Pero la veracidad de los hechos comenzó a cuestionarse décadas después, cuando surgieron testimonios directos que ofrecían una reconstrucción más precisa y menos épica de lo sucedido.

Las Misiones Populares y el origen real del episodio

El contexto histórico sí es cierto: durante aquellos años se celebraban en Sevilla las denominadas Misiones Populares, iniciativas religiosas que llevaban imágenes devocionales a distintos barrios fuera de sus recorridos habituales. En ese marco, el Gran Poder fue trasladado hasta la zona de Nervión.

Durante uno de esos traslados, la lluvia obligó a buscar refugio urgente para las imágenes.

La versión documentada señala que no fue el Cristo quien entró en el taller de Araujo, sino la Virgen del Mayor Dolor. El propio entorno del exjugador facilitó el espacio como solución improvisada ante la inclemencia meteorológica.

El testimonio clave procede de Jesús Araujo, hijo del futbolista, quien desmintió aspectos esenciales del relato. Según su recuerdo, él mismo acompañaba a su padre aquel día, y no existió ni el fallecimiento de ningún hermano ni el supuesto rechazo a la fe.

Igualmente el Gran Poder ni siquiera llegó a entrar en el taller debido a las limitaciones físicas del espacio.

Este relato alternativo no elimina el valor emocional de la historia, pero sí la sitúa en un terreno más cercano a la realidad documentada, donde los hechos pierden dramatismo pero ganan coherencia histórica.

La fuerza de una leyenda del Gran Poder que supera a los hechos

A pesar de las aclaraciones, la leyenda ha persistido en el imaginario colectivo sevillano. Su permanencia responde a varios factores: la intensidad emocional del relato original, la devoción arraigada hacia la imagen y la tendencia natural a magnificar episodios cotidianos hasta convertirlos en experiencias casi milagrosas.

La historia ha sido objeto de reinterpretaciones literarias, adaptaciones poéticas e incluso narraciones orales que han reforzado su carácter simbólico.

En muchos casos, el relato ha dejado de percibirse como un hecho histórico para convertirse en una expresión de fe colectiva.

La espectacularidad de la leyenda, de la que se han escrito incluso versos y composiciones, fue desmentida, en parte, por el propio Juan Araújo, alegando que a él nunca se le había muerto ningún hijo y que, de hecho, no se encontraba dentro del taller cuando el Gran Poder llegó, sino que él mismo se encontraba bajo las andas del paso y él decidió que la imagen se refugiara en su taller.

Este tipo de episodios evidencian cómo la memoria colectiva puede transformar la realidad hasta adaptarla a las necesidades emocionales de una comunidad. En Sevilla, donde la religiosidad popular forma parte esencial de la identidad cultural, estas historias adquieren un valor que trasciende la exactitud de los hechos.

La leyenda del Gran Poder y Juan Araujo no desaparece pese a las evidencias. Al contrario, continúa viva como símbolo de fe, dolor y redención, recordando que, en ocasiones, la verdad histórica convive —sin ninguna intención de imponerse— con la verdad emocional.

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