Torre de Abdelaziz.

La desconocida torre de Sevilla donde se izó el pendón de Fernando III tras la conquista de la ciudad

La torre musulmana casi invisible de Sevilla que guarda uno de los episodios clave de la conquista de la ciudad

·

Miles de personas pasan cada día junto a ella sin reparar en su presencia. En plena avenida de la Constitución, uno de los espacios más transitados del centro histórico de Sevilla, se alza la Torre de Abdelaziz, una construcción defensiva de origen musulmán que permanece parcialmente integrada entre edificios posteriores y que forma parte de uno de los conjuntos históricos más relevantes de la ciudad.

Su aspecto discreto contrasta con la importancia que tuvo dentro del sistema defensivo de la antigua Isbilya y con los acontecimientos históricos que la tradición vincula a este lugar.

La torre presenta una singular planta hexagonal, una característica poco frecuente dentro de las fortificaciones sevillanas conservadas. Fue levantada durante el periodo almohade, en el siglo XII, cuando Sevilla se convirtió en una de las principales ciudades de al-Ándalus y experimentó una profunda transformación urbanística y militar.

Su función era proteger uno de los accesos estratégicos al recinto amurallado y reforzar el tramo de muralla que comunicaba el Alcázar con la zona del río Guadalquivir. Formaba parte de una línea defensiva que conectaba con la Torre de la Plata y la Torre del Oro, creando un sistema destinado a controlar entradas, vigilar movimientos y asegurar la protección de la ciudad.

Una pieza fundamental de las murallas almohades

La antigua Isbilya llegó a contar con cerca de siete kilómetros de murallas. Dentro de esa compleja estructura defensiva, la Torre de Abdelaziz ocupaba una posición relevante por su proximidad al Alcázar y por su capacidad para controlar uno de los sectores más sensibles del recinto.

Aunque su nombre remite al emir Abdelaziz ibn Musa, gobernador de Sevilla entre los años 714 y 719, los especialistas coinciden en que no fue él quien ordenó construirla. La denominación surgió siglos después por tradición histórica, al relacionarse esta zona con una supuesta residencia vinculada al emir.

La torre también ha sido conocida como Torre de Bronce, una denominación utilizada por comparación con otras fortificaciones cercanas, especialmente la Torre de la Plata y la Torre del Oro.

No obstante, el nombre que más arraigo ha tenido en la memoria urbana de Sevilla es el de Torre de la Victoria, debido a su estrecha relación con el cercano Arquillo de la Victoria.

Este pequeño arco constituye una de las antiguas entradas al recinto del Alcázar. Aunque sus dimensiones son modestas, su relevancia histórica resulta notable porque marca uno de los puntos de conexión entre la ciudad medieval y el complejo palaciego.

Del postigo defensivo al Arquillo de la Victoria

El actual Arquillo de la Victoria no conserva la apariencia que tuvo durante la época medieval. Originalmente era un acceso defensivo construido con tapial y ladrillo que formaba parte de la muralla almohade y estaba protegido por la torre anexa.

Tras la conquista cristiana de Sevilla en 1248, este espacio adquirió una nueva dimensión simbólica. La tradición histórica sostiene que, después de la rendición del caíd Axataf ante Fernando III, las tropas castellanas accedieron al Alcázar por esta zona.

También se afirma que desde la parte superior de la Torre de Abdelaziz se izó por primera vez el Pendón de Castilla y León como señal de la capitulación definitiva de la ciudad.

El historiador Joaquín Guichot recogió esta tradición al señalar que fue en la almena más alta de la torre donde los caballeros de Fernando III mostraron el estandarte que anunciaba al ejército cristiano el fin del dominio musulmán sobre Sevilla.

El legado que permanece en el corazón de Sevilla

La imagen actual del arco responde a una reconstrucción realizada en 1757. El terremoto de Lisboa de 1755 causó graves daños en numerosas edificaciones sevillanas y el antiguo postigo quedó prácticamente destruido.

La obra posterior adoptó formas propias del barroco clasicista sevillano, incorporando ladrillo, mortero de cal, azulejería y una hornacina destinada a albergar una imagen religiosa.

La denominación de Victoria tiene un marcado sentido conmemorativo. Tras la conquista de la ciudad, Fernando III impulsó la dedicación de distintos espacios a advocaciones marianas y en este lugar se instaló una imagen de la Virgen de la Victoria, vinculada durante siglos a la vida religiosa del entorno.

Hoy, tanto la Torre de Abdelaziz como el Arquillo de la Victoria continúan formando parte del paisaje urbano sevillano. Integrados entre edificios y rodeados por el intenso tránsito del centro histórico, ambos conservan el recuerdo de una de las etapas decisivas en la evolución de la ciudad y de un episodio que marcó el cambio de poder en la Sevilla medieval.

Ver más de Historia