Imagen de la Plaza de San Francisco con las sillas.

Las largas colas en San Gregorio que anuncian la llegada de la Semana Santa en Sevilla

La carrera por los palcos de la Semana Santa: las largas colas que anuncian la llegada de la Cuaresma en Sevilla

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La escena se repite cada febrero en Sevilla, como un rito que anticipa la Cuaresma. Desde las primeras horas de la mañana, la calle San Gregorio se convierte en un punto neurálgico de la vida cofrade como es una larga hilera de personas aguarda pacientemente ante la sede del Consejo de Hermandades y Cofradías.

Es el punto en el que se lleva a cabo la renovación de los abonos de la carrera oficial de la Semana Santa. Es una imagen tan característica como el aroma a incienso o el sonido de una marcha procesional, una postal que confirma que el calendario litúrgico avanza hacia los días grandes.

El proceso de renovación, que se extiende durante varios días, reúne a cientos de titulares de sillas y palcos deseosos de mantener su derecho sobre un bien tan preciado como escaso.

Estas localidades, ubicadas en el recorrido oficial por el centro de la ciudad, permiten disfrutar de las procesiones desde una posición privilegiada y, en muchos casos, se han convertido en auténticos símbolos de prestigio familiar.

No es exagerado afirmar que, en Sevilla, la titularidad de un palco se hereda con el mismo valor sentimental con que se transmiten las joyas o las tradiciones domésticas.

La importancia de este trámite se refleja en la expectación que genera. A media mañana, la cola de solicitantes suele rodear la Capilla de Santa María de Jesús, un edificio cargado de historia que parece contemplar, año tras año, esta devoción administrativa con la misma solemnidad que una cofradía en la calle.

La paciencia de los sevillanos, algunos de los cuales hacen guardia desde antes del amanecer, es el mejor testimonio de la magnitud social de este fenómeno.

Detrás de esta tradición se encuentra una organización meticulosa. El Consejo de Hermandades y Cofradías, presidido por Francisco Vélez, gestiona uno de los sistemas de asignación más demandados de la ciudad.

Cada titular dispone de un periodo concreto para renovar su abono; si no lo hace en el plazo establecido, pierde el derecho, y la localidad pasa a formar parte de una larga lista de espera. Esa lista es, desde hace años, un termómetro de la pasión cofrade sevillana: cientos de solicitudes se acumulan cada temporada, muchas sin posibilidad de respuesta a corto plazo.

El valor económico y sentimental de estos abonos ha alimentado, no obstante, un mercado paralelo que el Consejo trata de erradicar. Durante años, la reventa de palcos y sillas se convirtió en un problema recurrente.

Las plataformas digitales y las redes sociales ofrecían entradas a precios muy superiores a los oficiales, en algunos casos multiplicando por tres o cuatro su coste real. Consciente del perjuicio que esto supone para la transparencia y la igualdad de acceso, la entidad ha implantado un riguroso sistema de control y vigilancia.

Entre las medidas adoptadas figuran la verificación presencial de los titulares, la identificación personalizada de cada asiento y la anulación inmediata de los abonos detectados en operaciones de reventa.

Esta política de tolerancia cero ha reducido notablemente el fraude y ha devuelto credibilidad al proceso. El Consejo recuerda que la titularidad de los palcos y sillas no puede cederse sin autorización y que cualquier infracción conlleva la pérdida definitiva del derecho.

De esta forma se preserva el espíritu original de la carrera oficial: un espacio destinado al disfrute de las familias sevillanas que, generación tras generación, han vivido la Semana Santa desde sus asientos tradicionales.

Más allá del trámite burocrático, las colas frente a San Gregorio condensan la esencia de una ciudad que entiende la Semana Santa como parte de su identidad.

No se trata solo de obtener un lugar para contemplar los pasos, sino de reafirmar la pertenencia a una historia compartida. Cada febrero, con el frío aún presente y las primeras fechas cuaresmales asomando en el calendario, Sevilla se prepara para su tiempo más esperado.

Se hace, una vez más, al compás de esa estampa inconfundible: la fila interminable de fieles que, con paciencia y devoción, renuevan su cita con la tradición.

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