Alarmante deterioro en San Julián, el templo cierra y la Hiniesta volverá a Santa Marina
El cierre inesperado de San Julián obliga a la Hiniesta a cambiar su sede en plena Cuaresma
La Parroquia de San Julián cerrará sus puertas a finales de esta semana por motivos de seguridad estructural.
La decisión, adoptada por el obispo auxiliar Teodoro León, responde a la solicitud del párroco Amador Domínguez, quien presentó los informes técnicos que alertan del deterioro progresivo del templo tras las intensas lluvias del invierno.
La medida afecta directamente a la Hermandad de la Hiniesta, una de las más señeras del Casco Antiguo hispalense, que deberá modificar su sede y sus planes de culto en plena Cuaresma.
El anuncio se produce apenas un día después de que el Cristo de la Buena Muerte, titular de la cofradía, presidiera el Vía Crucis de las Hermandades, con inicio y final precisamente en San Julián.
Será, por tanto, una de las últimas ocasiones en que la comunidad haya podido congregarse en este templo, situado al norte del barrio de San Julián, antes de su clausura temporal.
A partir de la próxima semana, la vida parroquial se trasladará a la Iglesia de San Hermenegildo, en la Puerta de Córdoba, donde se celebrarán las misas diarias, dominicales y el resto de actividades litúrgicas.
Las hermandades buscan refugio
El cierre del templo obliga también a reorganizar la actividad de las hermandades con sede en San Julián. La Hermandad de la Hiniesta, de penitencia, volverá a realizar su estación de penitencia desde la Iglesia de Santa Marina, como ya hiciera en la década de 1990, cuando el templo permaneció cerrado por obras.
Por su parte, la Hermandad del Rosario, corporación de gloria, trasladará a sus titulares a la Parroquia de San Marcos, donde se fundó y a la que regresará temporalmente este jueves a las 21:00 horas.
Ambos traslados deberán contar con la autorización de la Delegación Diocesana para Asuntos Jurídicos de las Hermandades.
La última misa en San Julián se celebrará este domingo a las 11:30, coincidiendo con los preparativos del septenario de la Hiniesta Dolorosa.
La coincidencia con el quinario de la Hermandad de la Resurrección, radicada en Santa Marina, ha motivado que los cultos cuaresmales de la Hiniesta se trasladen de manera provisional a la iglesia del Convento de Santa Isabel, donde permanecerán hasta su posterior retorno a Santa Marina.
El recorrido de la cofradía en el próximo Domingo de Ramos también se verá modificado, especialmente en el tramo final, entre San Marcos y su sede original, los conocidos “callejones” del barrio.
Un cierre que revive recuerdos en San Julián
Este cierre evoca inevitablemente los años noventa, cuando el templo también tuvo que clausurarse por un prolongado proceso de restauración que se extendió casi cinco años.
Si bien desde su reapertura han pasado apenas tres décadas, los nuevos informes apuntan a la reaparición de graves problemas estructurales, agravados por las lluvias de este invierno y el desgaste natural de la techumbre.
Las imágenes difundidas por técnicos y feligreses muestran un evidente deterioro en el interior, con humedades, filtraciones y fisuras en bóvedas y muros.
Para la comunidad parroquial, se trata de una situación dolorosa pero necesaria para garantizar la seguridad de quienes acuden habitualmente a sus cultos.
“No se puede correr el más mínimo riesgo”, ha manifestado el párroco Amador Domínguez en declaraciones internas a los fieles.
Las obras de restauración, según los informes técnicos, supondrán una inversión aproximada de 600.000 euros, de los cuales el 50 % será financiado por el Arzobispado de Sevilla y el resto por la propia parroquia mediante fondos y donaciones.
La intervención será integral: afectará tanto al exterior como al interior del edificio, con especial atención a la cubierta, una de las zonas más comprometidas.
Por el momento, no existe una fecha estimada de reapertura. Los técnicos deberán evaluar en detalle el alcance de las obras, y los permisos administrativos podrían retrasar su inicio efectivo.
Entre tanto, la comunidad de San Julián, profundamente unida a su templo, afronta un nuevo periodo de traslado y espera, con la esperanza de que esta vez las reparaciones sean definitivas y devuelvan la estabilidad a uno de los templos más emblemáticos del norte del casco antiguo de Sevilla.