Un crimen con 20 puñaladas y una pista clave, la huella del pie que resolvió el asesinato en Sevilla
La huella de un pie descalzo delata al presunto asesino de La Rinconada
La investigación de un violento homicidio ocurrido en Sevilla terminó resolviéndose gracias a una prueba científica tan inesperada como concluyente.
Una huella plantar marcada con sangre permitió a los especialistas de criminalística identificar al principal sospechoso y reconstruir lo ocurrido en el escenario del crimen.
La investigación del homicidio de José Ricardo M. G., ocurrido en la localidad sevillana de La Rinconada, terminó resolviéndose gracias a un indicio tan inusual como determinante como es la huella ensangrentada del dedo pulgar del pie izquierdo del presunto agresor.
Ese rastro, hallado en el suelo del inmueble donde apareció el cadáver, permitió a los especialistas de criminalística establecer una coincidencia científica con el principal sospechoso y reconstruir los momentos posteriores al ataque.
El cuerpo de la víctima fue hallado alrededor de la una de la tarde del 6 de mayo de 2025 en un local de la calle Hernán Cortés que estaba siendo reformado. Ricardo, de 47 años, yacía boca abajo entre un sofá y una cama.
La autopsia determinaría después que la muerte se había producido entre la madrugada del 3 de mayo y el mediodía del día 4.
Presentaba cerca de una veintena de heridas de arma blanca, un número que evidenciaba un ataque extremadamente violento y repetido.
Los investigadores apreciaron además que el agresor actuó con sorpresa, ya que el interior del inmueble no mostraba signos de lucha ni mobiliario volcado.
La huella de un pie descalzo que delató al presunto asesino de La Rinconada
Las pesquisas se centraron pronto en Manuel F. G., un amigo al que la víctima había permitido alojarse en la vivienda apenas dos semanas antes. Ambos realizaban trabajos de albañilería juntos, pese a que Ricardo ya estaba jubilado.
El sospechoso contaba además con un amplio historial policial con numerosos antecedentes por robos, amenazas, lesiones y otros episodios violentos. Tras el hallazgo del cadáver declaró ante los agentes como testigo e intentó explicar lo ocurrido con un relato que situaba a dos mujeres desconocidas en la casa durante la tarde del sábado.
Según su versión, después de comprar materiales por la mañana, ambos habrían acudido a un punto de consumo de drogas en Sevilla y más tarde regresado al domicilio con esas dos mujeres. Allí, aseguró, continuaron consumiendo cocaína antes de que él subiera al piso superior donde residían familiares de Ricardo.
No obstante, ninguno de los testigos vio a esas supuestas invitadas ni escuchó voces o movimientos que indicaran una reunión. La inspección policial tampoco halló señales de una fiesta: sobre la mesa solo había dos vasos, un plato vacío y una botella de cerveza.
El elemento decisivo apareció durante la inspección científica del escenario. En el suelo se localizaron varias marcas de pisadas ensangrentadas procedentes de un pie descalzo.
Los investigadores dedujeron que el agresor había perdido una de las babuchas que llevaba puestas durante el ataque.
Al quedarse con el pie izquierdo descubierto habría pisado el charco de sangre que comenzaba a acumularse junto al cuerpo.
La zapatilla hallada en la vivienda presentaba manchas tanto en la suela como en la parte superior, un detalle coherente con esa secuencia.
El Servicio de Criminalística comparó esas huellas con un pelmatograma, es decir, una impresión controlada de la planta del pie del sospechoso.
Al igual que ocurre con las huellas dactilares, las marcas plantares poseen rasgos únicos en cada persona. Los especialistas examinaron la forma del dedo, la ubicación del centro nuclear y la disposición de las crestas.
El análisis identificó doce puntos característicos coincidentes entre la marca hallada en la escena y la del pie izquierdo de Manuel.
En España la jurisprudencia considera suficiente la coincidencia de ocho o diez puntos para establecer la identidad entre dos huellas.
En este caso, la correspondencia superaba ese umbral y permitió a los investigadores afirmar que el rastro pertenecía al detenido.
Con esa prueba y el resto de indicios recopilados, la Guardia Civil culminó una investigación descrita como compleja e intensa. Manuel F. G. fue arrestado el 8 de julio de 2025 tras.