Sevilla evitó la inundación por poco, el caudal del Guadalquivir reabre la batalla por urbanizar Tablada
El río que no se desbordó… pero que puede volver: la advertencia de la CHG sobre Tablada
La última sucesión de borrascas ha puesto a prueba la capacidad de regulación del Guadalquivir, la resistencia del sistema de encauzamiento en Sevilla y el papel estratégico de la llanura de Tablada.
SI bien es cierto que el río alcanzó un caudal de 4.000 metros cúbicos por segundo a su paso por la capital andaluza, según la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, la ciudad evitó el desbordamiento.
El episodio, es indudable, ha reactivado el debate sobre el futuro urbanístico de unos suelos históricamente señalados por su condición inundable.
Durante el fin de semana del 7 y 8 de febrero, el cauce registró niveles que el organismo de cuenca califica como “avenida extraordinaria”, ligeramente por encima del umbral de una crecida ordinaria, fijado en torno a los 3.500 metros cúbicos por segundo para un periodo de retorno de diez años.
Pese a la magnitud del caudal, el agua no llegó a inundar ni la Dehesa de Tablada ni la isla de la Cartuja. Solo se produjeron encharcamientos en áreas situadas fuera del muro de defensa, como el Charco de la Pava, consecuencia directa de las lluvias acumuladas.
El catedrático de Geografía Humana y portavoz de la Mesa Social del Agua, Leandro del Moral, eleva incluso el caudal en la capital hasta casi 5.000 metros cúbicos por segundo. En otros puntos de la provincia, como Alcalá del Río, el registro alcanzó los 4.400.
La Confederación advierte de que si persiste la concatenación de borrascas podrían superarse de nuevo esos valores en las próximas semanas, especialmente si los embalses alcanzan niveles máximos y pierden capacidad de laminación.
Embalses al límite y precedentes históricos en Sevilla
El sistema de presas ha sido determinante para amortiguar la crecida. La Confederación destaca el papel del embalse de Iznájar, que actuó como regulador en la parte alta de la cuenca del Genil. Sin esa capacidad de retención, el impacto en la capital habría sido mayor.
Pero el organismo recuerda que existen precedentes históricos con caudales superiores a los 8.000 metros cúbicos por segundo, como ocurrió en 1947.
Aunque desde entonces la regulación hidráulica ha reducido la frecuencia y magnitud de las grandes avenidas, el riesgo no ha desaparecido.
Un escenario prolongado de lluvias intensas, similar al vivido en 1997 o 2010, podría coincidir con embalses completamente llenos y sin margen para desembalses preventivos. Por todo ello mantener intacta la morfología actual del encauzamiento se considera imprescindible.
Los cálculos oficiales sitúan en 7.300 metros cúbicos por segundo el caudal necesario para inundar Tablada en un periodo de retorno de cien años. Otros estudios técnicos rebajan esa cifra a 6.000.
Para un escenario extremo de quinientos años, la lámina de agua podría anegar la zona con 10.300 metros cúbicos por segundo.
Estas proyecciones sustentan la inclusión de Tablada en el Sistema Nacional de Zonas Inundables, derivado de la directiva europea de 2010 que limita los usos vulnerables en áreas con riesgo.
La ausencia de inundaciones en este último episodio ha sido interpretada por las siete promotoras propietarias de más de 360 hectáreas en Tablada como una oportunidad para reabrir el debate sobre su urbanización.
Plantean desarrollar un “parque equipado metropolitano” con viviendas y equipamientos, incluso universitarios, apoyado en la construcción de un muro de defensa de varios metros de altura.
Frente a esta propuesta, la Confederación y diversos expertos en gestión del agua subrayan que la ocupación edificatoria de suelos inundables no solo vulneraría la normativa europea y española, sino que agravaría el riesgo.
Recuerdan que la llanura de Tablada forma parte de la dinámica natural del río y resulta esencial para absorber crecidas sin comprometer el casco histórico.
La experiencia de las últimas décadas refuerza esa tesis. Desde finales de los años ochenta, varios intentos de recalificación han fracasado por su incompatibilidad con la condición rústica e inundable del terreno.
En 2006, el Plan General de Ordenación Urbana consolidó la protección especial de estos suelos tras estudios que advertían de que un hipotético muro podría trasladar el riesgo aguas abajo, afectando a municipios como Coria, Gelves o San Juan de Aznalfarache.
Una decisión estratégica para el futuro de Sevilla
El debate trasciende la coyuntura meteorológica. Tablada no solo actúa como espacio de laminación, sino que forma parte del sistema diseñado tras la riada de 1969, cuando el temor al colapso del muro de la calle Torneo impulsó las obras de la corta de la Cartuja y el desvío del río.
Esas intervenciones redefinieron la relación de Sevilla con el Guadalquivir y establecieron un equilibrio que hoy sigue vigente.
Algunos propietarios han comenzado a documentar mediante actas notariales los episodios en los que el terreno no se inunda, con la intención de reforzar su posición ante la revisión de la planificación territorial andaluza.
Para especialistas en nueva cultura del agua la solución pasa por un acuerdo de permuta que permita incorporar Tablada al patrimonio público como gran parque metropolitano inundable.
En un contexto de cambio climático y fenómenos extremos más frecuentes, la discusión sobre Tablada se convierte en una decisión estratégica.
Entre el impulso urbanizador y la preservación de la llanura de inundación, Sevilla vuelve a situarse ante el dilema de crecer o adaptarse a la naturaleza de su río.