Vista de la Plaza de España.

Roma cobra 2 euros por la Fontana de Trevi: ¿debe Sevilla hacer lo mismo con la Plaza de España?

¿Debe Sevilla cobrar 2 euros por visitar la Plaza de España como Roma hace con la Fontana de Trevi?

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El debate sobre la posible implantación de una tasa de 2 euros para acceder a la Plaza de España de Sevilla, siguiendo el modelo que aplica Roma en la Fontana de Trevi, ha reabierto la discusión sobre cómo gestionar el turismo masivo en espacios patrimoniales abiertos y de libre acceso.

La posibilidad de que Sevilla cobre dos euros a quienes deseen acceder o fotografiarse en la Plaza de España plantea una cuestión compleja que va más allá de la simple recaudación. En el fondo del debate subyacen interrogantes sobre la conservación del patrimonio, la sostenibilidad turística, la equidad en el acceso al espacio público y la identidad misma de la ciudad.

La Plaza de España, construida para la Exposición Iberoamericana del año 1929, es uno de los iconos arquitectónicos más reconocibles de Sevilla. Su carácter abierto, integrado en el Parque de María Luisa, ha convertido el conjunto en un espacio híbrido: monumento histórico, lugar de paseo ciudadano y escenario turístico de primer orden.

A diferencia de un museo o un recinto cerrado, su diseño semicircular y su integración urbana dificultan la aplicación de un modelo de control de accesos tradicional.

El ejemplo de Roma introduce un precedente interesante. La Fontana de Trevi, uno de los monumentos más visitados del mundo, ha sido objeto de medidas de regulación ante la masificación y el deterioro progresivo. La implantación de tasas o sistemas de control responde, en parte, a la necesidad de financiar la conservación y ordenar el flujo de visitantes.

En un entorno en el que el turismo es creciente, muchas ciudades históricas estudian fórmulas similares para proteger sus enclaves más frágiles.

Argumentos a favor de la tasa en Sevilla

Quienes defienden la implantación de una tarifa simbólica sostienen que dos euros podrían contribuir a sufragar los costes de mantenimiento, limpieza y seguridad. La Plaza de España requiere intervenciones periódicas en su cerámica, balaustradas y canal navegable. El desgaste derivado del uso intensivo es evidente, especialmente en temporadas altas.

Además, una tasa podría actuar como mecanismo disuasorio frente a la saturación en determinados horarios. La regulación económica, aunque leve, tiende a filtrar el acceso y podría favorecer una experiencia más ordenada y menos congestionada.

Desde esta perspectiva, no se trataría de mercantilizar el espacio, sino de garantizar su preservación a largo plazo.

Otro argumento es la equiparación con otras capitales europeas que ya han introducido sistemas de pago o reservas para acceder a espacios emblemáticos. En un escenario de competencia turística internacional, Sevilla podría justificar la medida como parte de una estrategia de gestión sostenible.

Argumentos en contra de la tasa en Sevilla

Sin embargo, la naturaleza jurídica y simbólica de la Plaza de España complica la comparación con la Fontana de Trevi. El monumento sevillano forma parte de un parque público y ha sido históricamente un lugar de libre tránsito para residentes y visitantes. Implantar un cobro podría generar un precedente delicado en la gestión del espacio urbano.

Existe también el riesgo de segmentación social. Aunque dos euros parezcan una cantidad reducida, la percepción de pagar por pasear o fotografiarse en un espacio abierto puede generar rechazo, especialmente entre la población local. La medida podría interpretarse como una privatización encubierta de un bien común.

Desde el punto de vista práctico, controlar accesos en un recinto abierto implicaría instalar infraestructuras físicas, personal de vigilancia y sistemas de validación. El coste de implementación podría reducir significativamente la rentabilidad real de la medida. También tenemos la repercusión paisajística de tornos o cerramientos podría alterar la estética del conjunto.

¿Modelo replicable o solución simplista?

La comparación con Roma simplifica realidades urbanas distintas. La Fontana de Trevi es un enclave concreto, delimitado y más fácil de controlar. La Plaza de España es un espacio amplio, integrado en la vida cotidiana de Sevilla. Exportar soluciones sin adaptar el modelo a las particularidades locales puede generar efectos indeseados.

Más allá del debate económico, la cuestión central es cómo equilibrar conservación y acceso. Existen alternativas intermedias como son el limitar actividades comerciales, reforzar campañas de concienciación, establecer horarios especiales o promover contribuciones voluntarias. La gestión del turismo en ciudades históricas exige medidas matizadas y consensuadas.

Sevilla enfrenta el reto de proteger uno de sus símbolos sin desnaturalizarlo. Cobrar dos euros podría aportar recursos y cierto control, pero también modificaría la relación emocional entre la ciudad y su monumento más icónico. La decisión, en última instancia, no es solo financiera, sino cultural y política.

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