“Nos van a encarcelar”: vecinos de Sevilla se rebelan contra un edificio de ocho plantas frente a sus ventanas
Vecinos de Santa María del Robledo se movilizan contra un edificio de ocho plantas: denuncian impacto urbano y riesgos en las estructuras
La oposición vecinal a un nuevo proyecto urbanístico ha estallado en el barrio sevillano de Santa María de Ordás.
Vecinos de la calle Santa María del Robledo denuncian que la construcción prevista de un edificio de gran altura podría alterar gravemente la vida cotidiana y la seguridad de los bloques cercanos.
Más de doscientos vecinos del entorno de la calle Santa María del Robledo en el barrio sevillano de Santa María de Ordás se han organizado en tiempo récord para frenar un proyecto urbanístico que contempla levantar un edificio de ocho plantas en una parcela situada a escasos metros de varios bloques residenciales construidos en la década de 1970.
La movilización de los vecinos comenzó a gestarse tras conocerse que el solar actualmente utilizado como zona de paso, aparcamiento improvisado y pequeño espacio verde podría transformarse en un nuevo bloque de viviendas de gran altura.
En solo dos días más de doscientas personas acudieron a una concentración improvisada para expresar su rechazo al plan urbanístico.
La portavoz de los vecinos y vecinas, Cristina Fajardo, explica que muchas de las personas que residen en la zona son mayores o tienen movilidad reducida.
Según relata, la noticia generó una profunda inquietud porque el nuevo edificio quedaría situado a apenas unos metros de las ventanas y accesos de varios bloques existentes. “Nos van a encarcelar”, resume para describir el sentimiento general de los vecinos.
Los vecinos sostienen que el espacio donde se proyecta la construcción forma parte del diseño original del barrio, levantado como una zona obrera con amplias áreas abiertas entre edificios.
Aquella planificación incluía árboles, zonas de tránsito peatonal y superficies destinadas al estacionamiento de vehículos para los residentes. La posible edificación eliminaría buena parte de esos usos cotidianos.
Problemas en la zona de zonas verdes y aparcamientos
Según los cálculos de los vecinos, el proyecto supondría la desaparición de más de un centenar de plazas de aparcamiento y reduciría notablemente los espacios verdes que aún quedan entre los bloques.
Igualmente podría bloquear una de las principales salidas de algunos edificios, especialmente en la llamada Torre ocho, donde residen decenas de familias.
Ese bloque es uno de los que más preocupa a los residentes. Según explican, su salida más cercana quedaría prácticamente frente al nuevo edificio, lo que alteraría la ventilación, la entrada de luz natural y la accesibilidad cotidiana.
Para muchas personas mayores, subrayan, la proximidad de las salidas es fundamental para desplazarse con seguridad.
A estas preocupaciones urbanísticas se suma otra cuestión que inquieta especialmente al vecindario: el estado general de algunos edificios del barrio.
Fajardo afirma que en varias torres existen grietas visibles y que en uno de los inmuebles fue necesario instalar grapas metálicas para reforzar parte de la estructura.
Los residentes temen que movimientos de tierra derivados de una obra de gran envergadura puedan agravar esos problemas y afectar a la estabilidad de edificios que ya superan varias décadas de antigüedad. “Si empiezan a excavar, no sabemos cómo reaccionarán los cimientos”, advierten algunos vecinos durante la protesta celebrada recientemente.
Durante la concentración, varios residentes recordaron que el barrio cuenta con una población especialmente envejecida.
Muchas personas dependen de la cercanía de los espacios abiertos para poder caminar unos minutos al día o recibir aire y luz desde sus ventanas. Reducir esas condiciones podría afectar directamente a su bienestar cotidiano.
Además, los vecinos consideran que el entorno ya soporta una presión creciente de población tras nuevas promociones levantadas en áreas próximas. Señalan que el barrio dispone de pocos servicios públicos para asumir más habitantes, ya que solo cuentan con un centro de salud para atender a toda la zona.
Ante esta situación, los residentes han comenzado a organizarse para presentar alegaciones formales ante la Gerencia de Urbanismo y estudiar otras vías administrativas o judiciales.
Juanjo Baena, vecino del número ocho de la calle, sostiene que el proyecto supone una “brutalidad” urbanística y reclama que se estudien alternativas en solares más amplios del entorno.
El vecindario mantiene su movilización y prepara nuevas protestas si el proyecto sigue.