Diferentes expresiones de la Macarena tras la intervención de Arquillo.
La mala intervención de Arquillo en el rostro de la Macarena es muy evidente.

Los Arquillo, restauradores de la Macarena, llevan los insultos a los tribunales: el caso queda archivado por un defecto de forma

Los Arquillo llevan a los tribunales los insultos tras la restauración de la Macarena, pero la querella queda archivada por un defecto formal

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La controversia que rodea la restauración de la Virgen de la Esperanza Macarena, llevada a cabo el pasado mes de junio por los restauradores Francisco y David Arquillo, sigue generando consecuencias legales y mediáticas.

Padre e hijo, ambos con una dilatada trayectoria en la conservación de patrimonio sacro, decidieron interponer una querella por injurias contra varios usuarios de redes sociales que, según ellos, los insultaron y ridiculizaron tras la polémica intervención sobre la imagen. Sin embargo, el procedimiento ha sido archivado provisionalmente por el juzgado al detectarse defectos formales en la presentación del escrito.

“Todo está en manos de mis abogados”, ha declarado Francisco Arquillo a los medios, confirmando que el asunto continúa abierto en el plano jurídico y que sus representantes legales estudian recurrir la decisión. La frase resume la prudencia con la que el restaurador afronta un caso que se ha convertido en el epílogo de una de las crisis más sonadas vividas por la Hermandad de la Macarena en las últimas décadas.

Críticas y ofensas tras la restauración de La Macarena

La intervención de los Arquillo sobre la imagen de la Esperanza Macarena, una de las devociones marianas más veneradas en el mundo, desató una ola de críticas y mofas a través de redes sociales y foros cofrades.

La avalancha de mensajes incluyó desde comentarios irónicos hasta insultos personales que, según los restauradores, atentaban contra su honor profesional y dañaban su reputación.

Ante la magnitud de las ofensas, Francisco y David Arquillo recopilaron los perfiles y publicaciones donde se vertieron los comentarios “vejatorios” para ponerlos en conocimiento de la Justicia. Su objetivo, defendieron, no era censurar la opinión pública, sino defender su honor y la dignidad del trabajo de restauración que llevan realizando durante décadas.

El procedimiento judicial se presentó contra ocho personas identificadas en distintos espacios digitales. No obstante, según fuentes judiciales, el caso se ha fragmentado en varios juzgados al considerarse que cada presunta injuria constituye una causa independiente.

Archivo provisional por defectos de forma

El auto dictado por la juez instructora señala que la querella se ha archivado por requisitos formales, al no haberse presentado un acto de conciliación previo ni el poder notarial especial necesario para otorgar representación legal a los abogados. Sin estos elementos, la magistrada consideró que el proceso no podía continuar, aunque el archivo no implica que se descarte definitivamente la causa.

Por el momento, no consta que se haya interpuesto recurso contra la resolución, aunque los abogados de los Arquillo mantienen abierta la posibilidad de hacerlo en los próximos días. “Estamos analizando el contenido del auto y las opciones de apelación”, apuntan fuentes cercanas al equipo jurídico.

La Hermandad de la Macarena también investigó los hechos

Paralelamente, la Hermandad de la Macarena encargó a su equipo jurídico y técnico un informe para determinar si los restauradores habían cumplido lo estipulado en el contrato de intervención. El estudio debía aclarar si los Arquillo habían excedido los límites del trabajo acordado con la corporación.

La existencia de este informe y la cláusula de confidencialidad de los trabajos motivaron la suspensión de una conferencia que Francisco Arquillo tenía previsto impartir en diciembre en la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, donde pretendía explicar el proceso de restauración.

La reacción interna en la hermandad fue inmediata. Ante el malestar generalizado por el resultado de la intervención, la junta de gobierno que entonces presidía José Antonio Fernández Cabrero ordenó trabajos de urgencia sobre la imagen para intentar recuperar su aspecto habitual.

Pese a los esfuerzos, las modificaciones no lograron devolverle su fisonomía original, lo que desembocó en un cabildo extraordinario a finales de julio.

En esa sesión, los hermanos de la corporación decidieron encargar al restaurador Pedro Manzano una nueva intervención sobre la talla, con el propósito de restablecer el rostro tradicional de la Virgen, símbolo espiritual y patrimonial de Sevilla.