Nivel alto del Guadalquivir por Lora.
Río Guadalquivir muy crecido por Lora.

Lora del Río se salva de una tragedia, así logró frenar la riada del Guadalquivir

Lora del Río se enfrenta a las lluvias más intensas del año y evita una tragedia gracias a su plan de emergencia

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Lora del Río vivió el pasado sábado una de las jornadas más críticas de los últimos años. En plena borrasca Marta, el municipio sevillano soportó una tromba de agua que descargó hasta 40 litros por metro cuadrado en apenas media hora.

Las calles quedaron anegadas, el Guadalquivir alcanzó el nivel rojo y las imágenes de vehículos y viviendas semienterradas bajo el agua recordaron a episodios pasados de graves inundaciones. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, el desastre no llegó a consumarse.

La clave, según el alcalde Antonio Enamorado, fue la planificación. “Se ha sorteado una catástrofe superior gracias al trabajo previo”, aseguró el regidor.

En 2024, el Ayuntamiento de Lora del Río actualizó el plan de emergencias y corrigió las debilidades detectadas en la última riada. Esa estrategia permitió responder con rapidez a la nueva crisis provocada por la sucesión de borrascas atlánticas.

El sistema de defensa del municipio ha resultado determinante. El muro que separa el cauce del Guadalquivir del casco urbano contuvo la crecida del río, mientras que las bombas de achique funcionaron sin descanso para evacuar el agua acumulada.

La estación de bombeo, reforzada con dispositivos móviles, logró mantener a raya las filtraciones que amenazaban con desbordar la red de saneamiento. “De normal tenemos tres bombas; hoy tenemos trece operativas”, explicaba Enamorado durante la madrugada del domingo.

Aun así, el balance de daños es considerable. El alcalde lo resumió con una frase contundente: “Esto es un desastre para la campaña de cítricos”. Las plantaciones de naranja, motor económico del municipio, han quedado anegadas.

Pérdidas cuantiosas en Lora del Río

Se estima que la producción se ha perdido en un 70%, una cifra que golpea de lleno a cientos de familias que dependen del sector. “Un céntimo de variación en el precio de la naranja supone un millón de euros más o menos para el pueblo. Imagínate lo que significa perder casi toda la cosecha”, lamentó el regidor.

Las consecuencias no se limitan al ámbito agrícola. Al menos 49 vecinos permanecen desplazados tras el desalojo de sus viviendas en las zonas más bajas. “Unas 24 horas después de evacuar, sus casas quedaron completamente inundadas”, explicó Enamorado.

“No podrán volver hasta que comprobemos que la estructura es segura y que no hay riesgo eléctrico ni sanitario”. La Renfe suspendió el tráfico ferroviario por la línea que cruza el municipio, lo que agrava el aislamiento de esta localidad de unos 18.000 habitantes.

Mientras tanto, los equipos municipales y los servicios de emergencia trabajan sin descanso. Las brigadas de limpieza retiran lodo y restos arrastrados por la riada, y los técnicos supervisan el funcionamiento del muro de contención y las bombas.

El alcalde ha destacado la colaboración ciudadana: “Estamos pasando por un periodo muy difícil, pero la gente ha tenido una paciencia ejemplar”.

Durante la mañana del domingo, las precipitaciones amainaron y el nivel del río descendió ligeramente, aunque la alerta no ha sido desactivada.

“Esta noche entra otra borrasca, así que dependemos de que la estación de bombeo expulse más agua de la que entra”, explicó Enamorado con cautela.

La experiencia de Lora del Río demuestra cómo la anticipación puede marcar la diferencia ante fenómenos meteorológicos extremos. Las lluvias torrenciales provocadas por la borrasca Marta pusieron a prueba la capacidad de respuesta de un municipio acostumbrado a convivir con el riesgo del Guadalquivir.

En esta ocasión, la combinación de infraestructuras, previsión y coordinación institucional evitó un desenlace trágico.

Sin embargo, los daños materiales y económicos revelan que el reto climático sigue presente. La sucesión de temporales en el sur peninsular evidencia la necesidad de reforzar los planes de protección y adaptar las infraestructuras hidráulicas a un escenario cada vez más incierto.

“Hoy los vecinos están más tranquilos”, reconoció el alcalde al cierre del domingo. “Pero el sábado vivimos momentos de auténtico pánico. Cuando el agua empezó a subir, muchos pensaron que el Guadalquivir se había desbordado. Por suerte, la prevención ha sido nuestra mejor defensa”.