Fachada hospital Virgen del Rocío.
Entrada al hospital Virgen del Rocío.

Las batas blancas estallan en Sevilla, los médicos en huelga plantan cara a Mónica García

Huelga médica histórica en Sevilla, el pulso de los facultativos a Sanidad no se detiene

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La explanada del Hospital Universitario Virgen del Rocío amaneció este miércoles teñida de blanco. Cientos de médicos, con pancartas, silbatos y semblantes firmes, se concentraron frente a las puertas del centro hospitalario para expresar su rechazo a la reforma del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud impulsada por el Ministerio de Sanidad.

La movilización, convocada por el Sindicato Médico Andaluz, marca la cuarta huelga médica nacional desde junio y la primera de un calendario de protestas que podría extenderse hasta el verano si no se alcanza un acuerdo.

En los carteles, el mensaje era nítido: críticas directas a la ministra Mónica García, caricaturas y lemas como “Mónica, de víctima a verdugo”.

Desde el hospital, los manifestantes marcharon hacia la Delegación del Gobierno en Andalucía, atravesando las calles de la capital con una mezcla de indignación y determinación.

Antes de iniciar el recorrido, Rafael Ojeda, presidente del Sindicato Médico Andaluz, subrayó la frustración del colectivo.

Al respecto de todo ello dijo que “no se ha recogido ni una sola de nuestras reivindicaciones. Lo que dice la ministra es falso”.

Ojeda denunció que varias demandas incluidas en borradores previos fueron suprimidas del texto final “en represalia” por insistir en un estatuto propio para los facultativos.

El líder sindical fue más allá al responsabilizar al conjunto del Gobierno de la situación: “Llevar a la sanidad a este punto de tensión es absolutamente irresponsable”.

Afirmó que las movilizaciones continuarán “sin parar, sin desfallecer” mientras no se reconozca la singularidad del colectivo médico.

El núcleo del conflicto radica en la petición de un marco normativo diferenciado que regule las condiciones laborales de los médicos, como ocurre en la mayoría de países europeos.

Reclaman una mesa de negociación propia, una clasificación profesional ajustada a su cualificación (seis años de carrera más residencia MIR) y una regulación de la jornada que acabe con lo que consideran un abuso estructural de las guardias obligatorias.

Según los datos del sindicato, entre un 70 % y un 80 % de los facultativos que podían sumarse a la huelga lo hicieron, pese a los servicios mínimos y las guardias.

“No pedimos más dinero; pedimos condiciones dignas de trabajo”, reiteró Ojeda, apelando a la reflexión política.

Entre los manifestantes, las voces jóvenes fueron especialmente visibles. Miriam Extremera, residente de tercer año de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Universitario Virgen Macarena, denunció jornadas de hasta 70 horas semanales y operaciones tras 20 horas sin descanso.

“No es justo para el paciente ni para nosotras”, afirmó. Su compañera Rocío Domínguez coincidía: “El nuevo Estatuto no soluciona nada; seguimos agotadas y desprotegidas”.

También se sumaron especialistas de distintas áreas. Carolina Hofner, ginecóloga del Virgen Macarena, pidió “unidad para conseguir lo que nos merecemos”.

Reclamaciones del Sindicato Médico de Sevilla

Desde la atención primaria, Eva María González Troncoso, médica del centro de salud de La Algaba, habló de “conciliación imposible y vocación llevada al límite”.

El vicepresidente del Sindicato Médico de Sevilla, Rafael Gómez, alertó de un problema estructural: plazas de difícil cobertura, vacantes sin ocupar y fuga de profesionales a otros países o al sector privado. “¿Queremos sanidad pública? Sin médicos es imposible”, advirtió.

En el ámbito hospitalario, la psiquiatra Ana Vilches, del Virgen del Rocío, denunció “años de tragar condiciones precarias”.

Por su parte, la neuróloga Carmen González resumió el sentir general: “La responsabilidad del paciente es nuestra. No pedimos privilegios, pedimos negociar lo que nos afecta directamente”.

Durante el recorrido hasta la Plaza de España de Sevilla, los cánticos se alternaban con conversaciones entre compañeros que, pese al sacrificio económico de la huelga, coincidían en que “es la gota que ha colmado el vaso”.

El Estatuto Marco, pactado sin representación médica específica, se ha convertido en el símbolo de un malestar acumulado durante años.

Al llegar a la sede gubernamental, el mensaje fue unánime: unidad y perseverancia. Los organizadores califican la movilización de “inédita” por su magnitud y cohesión.

Si no hay avances, advirtieron, las protestas seguirán en las calles. “Las batas blancas regresarán cuantas veces sea necesario”, proclamaron los portavoces de los médicos entre aplausos y sirenas, marcando el inicio de un ciclo de lucha que podría redefinir el futuro de la sanidad pública en España.