La Hermandad de la Sed ha dado un paso poco habitual, pero que refleja una tendencia creciente entre las cofradías con mayor volumen de hermanos. A través de sus redes sociales, la corporación de Nervión ha informado que no se emitirán más papeletas de sitio para acompañar a la Virgen de Consolación en la estación de penitencia de este año. La medida, que ha generado sorpresa y cierto malestar entre algunos hermanos, se justifica —según la propia hermandad— por cuestiones “estrictamente organizativas y de seguridad”.
La noticia ha reabierto un debate soterrado pero presente en muchas hermandades: ¿cómo gestionar el creciente número de nazarenos sin comprometer el orden y el desarrollo de las procesiones? Aunque no es habitual que se hagan públicos este tipo de límites, lo cierto es que cada vez más corporaciones se ven obligadas a adoptar medidas similares, muchas veces sin anunciarlo de manera oficial.
Hermandades con un gran número de nazarenos
Hermandades como San Gonzalo, La Macarena o la Esperanza de Triana son ejemplos evidentes de esta problemática. Cada una de ellas reúne a más de 2.000 nazarenos en sus filas, y en algunos casos, como el de la corporación de San Gil, se ha llegado a estudiar en distintas juntas la posibilidad de establecer cupos máximos por paso o incluso modificar itinerarios para facilitar el discurrir de cortejos tan numerosos.
En el caso de San Gonzalo, que cada Lunes Santo moviliza a una de las cofradías más extensas de la jornada, la organización interna es clave para que la salida no se convierta en un quebradero de cabeza. La hermandad ha establecido desde hace años un sistema de tramos bien estructurado, con controles rigurosos de entrada y salida, y con la preferencia por antigüedad para acceder a posiciones más cercanas a los pasos.
Por su parte, la Esperanza de Triana también ha aplicado medidas para organizar mejor su inmenso cortejo del Jueves Santo, que supera con facilidad los 2.500 nazarenos. Aunque no ha limitado de forma explícita el acceso a ninguno de sus dos pasos, sí ha reforzado el papel de los diputados de tramo y ha optimizado los tiempos de salida, tratando de evitar desajustes que puedan repercutir en el resto del día.
La Macarena, posiblemente la hermandad con mayor número de hermanos activos, lleva décadas lidiando con el desafío de hacer procesionar a más de 3.000 personas en un espacio urbano tan complejo como el entorno de San Gil. En su caso, el uso de tecnología para agilizar la expedición de papeletas, junto con una rigurosa asignación de puestos por antigüedad, ha permitido hasta ahora evitar medidas más restrictivas, aunque en años especialmente concurridos se han vivido momentos de tensión organizativa.
El ejemplo de La Sed
En este contexto, lo ocurrido en la Hermandad de la Sed no es más que la punta del iceberg. La creciente participación de los fieles, el deseo de acompañar a los titulares en la calle y las limitaciones físicas y logísticas que conlleva cualquier estación de penitencia, están obligando a las cofradías a repensar sus modelos organizativos.
El caso de la Virgen de Consolación resulta llamativo no sólo por la decisión en sí, sino por su carácter público. La transparencia mostrada por la junta de gobierno, al informar abiertamente del cierre del plazo, contrasta con el tradicional hermetismo de otras corporaciones en situaciones similares. La respuesta en redes no se hizo esperar: mientras algunos aplauden la claridad y la responsabilidad de la decisión, otros ven en ella una forma encubierta de restringir la participación sin ofrecer alternativas.
La medida llega además en un año especialmente incierto desde el punto de vista meteorológico. Las últimas previsiones apuntan a una Semana Santa marcada por la inestabilidad, lo que añade una capa más de preocupación a las hermandades, que deben conjugar organización, fe y prudencia en un equilibrio cada vez más delicado.
Sea como sea, la decisión de la Sed pone el foco en una cuestión que muchas cofradías tendrán que abordar tarde o temprano: cómo mantener el carácter participativo de las estaciones de penitencia sin poner en riesgo su viabilidad logística ni comprometer la seguridad de los hermanos y del público. La Semana Santa de Sevilla, en constante crecimiento, se enfrenta así al reto de gestionar su propia grandeza.