Vista de un campo entero inundado de agua y construcciones anegadas.
El Genil inundando todo el terreno.

La borrasca Leonardo deja en Écija la peor crecida del Genil en quince años y decenas de animales atrapados

El nivel del agua superó los 6 metros y anegó toda la zona rural del diseminado. Las autoridades mantienen el desalojo hasta nuevo aviso.

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La Isla del Vicario, una tranquila urbanización rural a dos kilómetros del casco urbano de Écija, ha vivido en las últimas horas uno de los episodios más graves de inundación de los últimos quince años.

La crecida del río Genil, desbordado por las intensas lluvias provocadas por la borrasca Leonardo, ha anegado gran parte del campo circundante y alcanzado las viviendas del diseminado, obligando al desalojo de 76 vecinos.

En el acceso principal, un patrullero de la Policía Local de Écija controla la entrada. El agente permite el paso solo a propietarios y medios de comunicación, pero advierte del peligro ya que el el agua ha alcanzado un transformador eléctrico y podría estar electrificada.

A lo largo del camino que conduce al río se suceden las imágenes del desastre con las casas rodeadas por el agua, animales atrapados en corrales y un campo convertido en una laguna marrón.

En una vaqueriza cercana, decenas de vacas pastan sin aparente preocupación. Varios vecinos ayudaron la noche anterior a trasladar parte del ganado a una parcela más alta.

Entre los desalojados están Daniel, Naiara y Jesús, jóvenes que regresaron por la mañana para comprobar el estado de sus casas. “Nos dijeron que no podíamos quedarnos. El agua subía rápido y no sabíamos cómo iba a evolucionar”, explica Daniel mientras observa el agua que roza el umbral de su vivienda.

No es la primera vez que lo viven: hace quince años una riada similar obligó a rescatar a vecinos desde los tejados.

Vigilancia en toda la zona del Genil

La escena se repite en toda la urbanización. Patrullas de la Policía Nacional vigilan la zona y asisten a los vecinos que intentan recuperar pertenencias o alimentar a los animales. Margarita, una joven madre, fue una de las primeras evacuadas: “Lo primero fue sacar a los niños. Tengo una bebé de dos meses y no podíamos arriesgarnos”.

El nivel del río alcanzó los 6,40 metros a media mañana del jueves, según el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) del Guadalquivir. “Nos desalojaron cuando llegó a cinco”, comenta uno de los vecinos mientras consulta su móvil. “Esperamos que el sol que ha salido sirva para que baje un poco”.

El joven enfermero José Luis Piña, de 22 años, lamenta no poder permanecer en su casa, una de las más próximas al río. “Mi familia lleva aquí toda la vida. Sabemos que es zona inundable, pero también cómo actuar.

Queríamos quedarnos para proteger nuestras cosas y a los animales”, explica desde un hotel de Écija donde ha pasado la noche. Aun así, comprende la decisión de las autoridades: “Desde lo de la DANA de Valencia, nadie quiere arriesgarse”.

A pocos metros, Rubén Zafra, propietario de una nave industrial, observa con preocupación el agua que rodea su propiedad. Tras la última riada reforzaron la estructura, elevándola varios metros. “De momento, parece que hemos conseguido evitar que entre el agua, pero todo esto es una incertidumbre”, dice mientras pide una fotografía a los periodistas para evaluar el nivel.

Otros vecinos, como Paula Alé y su madre Rosario Gómez, ofrecen su azotea a los reporteros. Desde allí se observa el alcance de la inundación: el patio donde antes jugaban sus hijos es ahora un estanque. Su pequeño pony permanece inmóvil con el agua por las patas.

“Nunca había visto algo así”, afirma Rosario, recordando cómo años atrás su marido salvó a una cartera de morir ahogada en un arroyo cercano.

La Policía mantiene el despliegue en la zona y advierte que el acceso seguirá restringido hasta que el nivel del agua descienda. Mientras tanto, los vecinos esperan el regreso a sus hogares, temiendo no solo los daños materiales, sino también los efectos de las aguas contaminadas que han cubierto la zona.

La Isla del Vicario se ha convertido en símbolo de la vulnerabilidad del valle del Genil. Los 76 desalojados de Écija son los primeros afectados por la borrasca Leonardo en la provincia de Sevilla, a los que se suman evacuaciones preventivas en El Coronil y zonas críticas como El Palmar de Troya, donde preocupa el nivel del pantano Torre del Águila.

La jornada cierra con un rayo de esperanza: el sol se abre paso entre las nubes y el viento seca lentamente el terreno. “Aquí pasamos de la riada a los 40 grados en un suspiro”, dice Paula, resignada, mientras contempla el reflejo del cielo sobre lo que antes era su jardín.