Coche con el cristal roto.

Indignación en San Pablo y Santa Clara por los continuos robos y actos vandálicos en sus calles

La ola de robos que tiene en vilo a los vecinos de San Pablo y Santa Clara: coches destrozados y noches de miedo

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Los barrios de San Pablo y Santa Clara, en Sevilla, viven semanas de creciente preocupación por una oleada de robos y actos vandálicos que afectan tanto a vehículos particulares como al mobiliario urbano.

La asociación vecinal Gran Vía–Santa Clara ha alertado públicamente del deterioro de la convivencia y la inseguridad que, aseguran, se ha intensificado en los últimos días.

Su presidenta ha trasladado que incluso se han registrado intentos de robo en viviendas, una situación que mantiene en alerta a toda la comunidad.

Durante la madrugada del pasado lunes, varios residentes denunciaron la rotura de lunas y daños en automóviles estacionados en diferentes calles del barrio. Uno de los afectados relató que su turismo, aparcado entre las calles Villas de Cuba y Macedonia, fue objeto de un asalto que dejó importantes destrozos.

Otro vecino de Santa Clara describió cómo los coches aparcados junto al Parque de La Pradera son víctimas frecuentes de daños intencionados, en ocasiones sin un propósito de robo claro, sino como mero acto de vandalismo.

“Cada mañana aparecen retrovisores arrancados, ruedas pinchadas o cristales en el suelo”, lamenta este residente, que asegura que la situación se repite desde hace meses sin que haya una respuesta eficaz por parte de las autoridades.

La sensación de impunidad, advierten, está minando la tranquilidad de unas zonas tradicionalmente consideradas seguras y familiares.

Botellonas y destrozos en el Parque de La Pradera

Los fines de semana se convierten en el punto más crítico. Según los testimonios recogidos, el Parque de La Pradera se transforma en epicentro de botellonas y concentraciones nocturnas que derivan en destrozos, suciedad y ruidos que se prolongan hasta altas horas.

“Hay noches que son una auténtica locura. Hemos visto bicicletas de alquiler de Sevici ardiendo, contenedores volcados y cristales rotos por todas partes”, asegura otro vecino.

Los residentes señalan además que el parque no se cierra a las horas establecidas por la Ordenanza Municipal, que fija las 22:00 en invierno y la medianoche en verano. Este incumplimiento, subrayan, permite que el espacio público se utilice de forma descontrolada.

La zona se ha convertido, según denuncian, en un nuevo punto de encuentro juvenil para el consumo de alcohol tras las batidas policiales realizadas en otros enclaves como Fuerte de Navidad, lo que ha desplazado la problemática hacia este entorno.

Las consecuencias no se limitan al ruido o la suciedad. Los daños en bancos, papeleras, señales de tráfico y vehículos son constantes, lo que genera un gasto adicional para el Ayuntamiento y un profundo malestar entre los residentes.

“Pagamos nuestros impuestos y solo pedimos vivir tranquilos”, afirman desde la asociación vecinal.

Reclamación a las autoridades y amenaza de movilizaciones

Ante la escalada de incidentes, la asociación Gran Vía–Santa Clara ha mantenido varias reuniones con responsables del Distrito San Pablo–Santa Justa, aunque los vecinos consideran que las medidas acordadas no han sido suficientes.

Reclaman un refuerzo de la presencia policial, especialmente en horario nocturno y fines de semana, y la instalación de más cámaras de videovigilancia en los puntos más conflictivos.

“La situación no puede prolongarse más. Si no vemos resultados, nos movilizaremos”, advirtió la presidenta del colectivo, que no descarta convocar concentraciones vecinales para exigir una actuación más contundente del Ayuntamiento de Sevilla y del Cuerpo Nacional de Policía.

El malestar se extiende también entre los comerciantes de la zona, quienes aseguran sufrir daños en escaparates y cierres metálicos. “No es solo cuestión de seguridad, también de imagen. Da pena ver el barrio así”, lamentan.

Entre tanto, los residentes de San Pablo y Santa Clara continúan esperando respuestas que devuelvan la tranquilidad a sus calles, convertidas hoy en escenario de una creciente preocupación vecinal que amenaza con traducirse en protestas públicas si no se adoptan medidas efectivas a corto plazo.

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