Funeral de Estado en Huelva por las víctimas de Adamuz.

Huelva se detiene para llorar a las víctimas del tren de Adamuz, el país se une en el dolor

Huelva se une en un mismo latido de duelo por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz

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La ciudad de Huelva detuvo su rutina en la tarde de ayer jueves para rendir homenaje a las 45 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, en una ceremonia marcada por el luto, por la emoción y el recogimiento.

El Palacio de los Deportes Carolina Marín se transformó en un templo para el recuerdo y el dolor, también para el consuelo donde más de 4.000 personas se congregaron para acompañar a las familias en su dolor, en una misa presidida por los reyes Felipe VI y Letizia y oficiada por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra.

El acto, solemne y profundamente humano, simbolizó la unión de toda una provincia en torno al desconsuelo de las familias. Allí no hicieron falta discursos políticos ni grandes gestos; bastó la presencia silenciosa de una multitud que quiso decir, con su sola asistencia, que el dolor no se enfrenta en soledad.

Luto en Huelva por Adamuz

El momento más conmovedor llegó con las palabras de Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre y portavoz de las familias afectadas. Con voz temblorosa, evocó los nombres, las ausencias y los sueños truncados de quienes perdieron la vida en el tren de Adamuz.

“No eran los 45 del tren, eran la ilusión de buscar un futuro mejor”, expresó, antes de añadir que “comprendimos, con crueldad, que el beso que no damos es el que más recordamos”.

Su intervención fue interrumpida por un largo y sentido aplauso, reflejo del respeto de toda Huelva hacia las víctimas y sus seres queridos. Sáenz reafirmó el compromiso de las familias con la búsqueda de la verdad y la justicia, insistiendo en que “solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará”.

En su homilía, el obispo Gómez Sierra recogió ese anhelo de claridad y reclamó que “se esclarezca lo ocurrido y se actúe con justicia”, subrayando la importancia de evitar que tragedias como la de Adamuz vuelvan a repetirse.

También recordó que “el dolor necesita ser acompañado”, en un mensaje dirigido tanto a los familiares como a la ciudadanía onubense, que ha respondido con una ola de solidaridad desde el primer día.

Un templo improvisado para el recuerdo de las víctimas de Adamuz

El Carolina Marín, acostumbrado a acoger competiciones deportivas, lucía irreconocible. Una alfombra roja conducía hasta un altar presidido por la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, símbolo de amparo y consuelo en los momentos de dolor.

A su alrededor, las luces tenues, los ramos de flores y el eco solemne de la Coral y Orquesta de la Catedral de Huelva envolvían el recinto en un silencio reverente.

Las autoridades religiosas y civiles, junto a representantes de los cuerpos de seguridad, sanitarios y equipos de emergencia, ocuparon sus lugares en un acto que trascendió lo institucional. La presencia de los Reyes de España fue recibida con respeto y gratitud, en lo que el obispo definió como “un gesto de apoyo y cercanía hacia las familias”.

Antes del inicio de la misa, los abrazos y los reencuentros llenaron los pasillos del recinto. Había lágrimas, pero también la serenidad de quien encuentra consuelo en la compañía.

“Pasan los días y el dolor deja paso a los recuerdos”, expresaron las familias en su comunicado, agradeciendo el cariño recibido de los vecinos, de Adamuz, de los equipos sanitarios y de emergencia, de Cruz Roja y, especialmente, de “Huelva, nuestra querida ciudad que no ha dejado de arroparnos”.

El obispo Gómez Sierra cerró su mensaje recordando que la solidaridad debe prolongarse “incluso cuando se apague el foco mediático”. Porque más allá de la misa, del protocolo y de los himnos, el duelo por Adamuz es ahora una memoria compartida que une a toda una comunidad.

Huelva ha demostrado una vez más que sabe estar a la altura de la compasión y la dignidad. El Palacio de Deportes Carolina Marín fue este jueves el corazón de una ciudad que lloró junta, pero también el punto de partida de un compromiso: el de no olvidar nunca a las 45 vidas que un día viajaban en busca de esperanza.

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