Niña tecleando en un teléfono móvil en el colegio.
Niña con un teléfono móvil.

Familias en Sevilla se unen para frenar el uso precoz del móvil en adolescentes

El movimiento “Adolescencia Libre de Móviles” suma miles de familias en Sevilla para retrasar el primer smartphone hasta los 16 años

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La preocupación por el impacto del uso temprano de los teléfonos móviles en niños y adolescentes ha dado lugar a un movimiento ciudadano que crece sin freno.

Adolescencia Libre de Móviles (ALM), una iniciativa nacida hace dos años, se ha consolidado como una de las redes familiares más activas en España, con 17.665 familias adheridas y la participación de 3.449 centros educativos.

En Sevilla, el colectivo ya agrupa a 2.752 familias comprometidas con un objetivo común: retrasar la entrega del primer smartphone a sus hijos hasta, al menos, los 16 años.

El impulsor de este movimiento, Raúl Rivas, neurocoach educativo y experto en Disciplina Positiva, sostiene que la clave está en la educación emocional y en la responsabilidad compartida. “No se puede entregar un móvil a un niño de 12 años y mirar hacia otro lado”, asevera.

La propuesta se articula a través del llamado Pacto de Familia, un compromiso anual que busca reducir la presión social que empuja a padres e hijos a normalizar el uso del móvil a edades tempranas.

El problema de los móviles en los jóvenes de Sevilla

El Pacto de Familia se presenta como una herramienta de corresponsabilidad. Cada año, las familias que lo suscriben se comprometen a no entregar un móvil personal antes del límite acordado, creando así una red de apoyo mutuo. Según explica Rivas, el objetivo es “romper la soledad” de los padres que deciden esperar.

“Cuando toda la clase tiene móvil a los 11 o 12 años, los padres se sienten aislados. Este pacto genera comunidad y libera de esa presión”, indica.

La expansión de ALM en Sevilla muestra la fuerza del movimiento. El Canal de Avisos Sevilla, principal punto de comunicación del colectivo, ya agrupa a 1.711 familias, seguido de los Pactos de Familia (288), Aljarafe (213), Macarena–Centro (148), Nervión–El Porvenir (92) y Los Remedios (88). Otros distritos como Bellavista–La Palmera–Heliópolis, Dos Hermanas–Alcalá y Sevilla Este también registran adhesiones.

ALM se define como un movimiento “ciudadano, espontáneo y organizado”, impulsado en exclusiva por familias, sin apoyo institucional ni político. A diferencia de otras campañas, su crecimiento ha sido orgánico, motivado por el boca a boca y las experiencias compartidas en los colegios.

De hecho, el impacto del colectivo ya se percibe en los centros educativos sevillanos. Solo en las últimas semanas, Rivas ha impartido charlas en el Colegio Santo Ángel y el Colegio Tartessos, donde explicó los riesgos del uso prematuro del móvil y el funcionamiento del pacto.

El resultado ha sido inmediato puesto que más de 100 familias se han comprometido este mes a retrasar la entrega del dispositivo un año más, y cada semana, nuevos colegios contactan para solicitar sesiones informativas.

La salud mental en el centro del debate

La preocupación de ALM se apoya en numerosos estudios que alertan sobre el vínculo entre el uso intensivo de redes sociales y el incremento de problemas como ansiedad, depresión, déficit de atención o conductas autolesivas. Los algoritmos de las plataformas digitales, diseñados para captar la atención durante el mayor tiempo posible, agravan este fenómeno.

“El problema no es la tecnología, sino la falta de madurez emocional para enfrentarse a un dispositivo que lo sabe todo de ti y que está diseñado para engancharte”, advierte Rivas. Por ello, el movimiento no busca demonizar el móvil, sino replantear los tiempos: permitir que los adolescentes construyan su identidad, relaciones y autoestima sin depender de las pantallas.

Desde ALM se insiste en que no se trata de una cruzada contra la tecnología, sino de ganar tiempo. “Las familias necesitamos reglas claras y apoyo mutuo. Hasta que existan leyes que protejan a los menores, este pacto ciudadano es la única barrera real que tenemos”, concluye Rivas.

La iniciativa, nacida en los hogares y los patios escolares, ya se perfila como un fenómeno social de largo recorrido. Y su mensaje —dar a los niños más infancia y juegos y menos pantallas— parece resonar cada vez con más fuerza entre las familias españolas.