Pantano desembalsando agua.

El Guadalquivir vivió su temporal más intenso desde 2010: lluvias históricas y embalses al 81%

Precipitaciones históricas en la cuenca del Guadalquivir: un temporal sin precedentes desde 2010

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Durante casi un mes, entre el 20 de enero y el 15 de febrero de 2026, la cuenca del Guadalquivir vivió un episodio meteorológico excepcional que puso a prueba la capacidad técnica y de gestión de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG).

Las precipitaciones alcanzaron niveles históricos: 340 litros por metro cuadrado de media, con picos que superaron los 800 l/m² en puntos concretos, según confirmó la directora técnica del organismo, Carmen Nuria Jiménez, durante la presentación del informe oficial celebrada en el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Sevilla.

La magnitud del temporal solo encuentra comparación con el registrado en 2010, cuando también se produjeron episodios de lluvias prolongadas que saturaron los embalses del sistema hidrográfico.

En esta ocasión, la situación estuvo marcada por la sucesión de siete borrascas consecutivas, que dejaron una estela de crecidas controladas, desembalses y una reorganización urgente de la infraestructura hidráulica andaluza.

Aumento récord del agua embalsada y gestión preventiva en el Guadalquivir

El impacto de las lluvias fue notable en la disponibilidad de agua. En menos de un mes, los embalses del Guadalquivir pasaron del 47% al 81% de su capacidad total, un salto equivalente a casi 2.700 hectómetros cúbicos adicionales.

Se trata de la cifra más alta en más de una década, un volumen que no se registraba desde 2015, cuando la región afrontó una larga etapa de sequía.

La gestión de este incremento fue una operación técnica de precisión. Ante la superación de capacidades en varias presas, la CHG ejecutó 37 desembalses controlados, de los cuales 20 respondieron a la superación de límites de almacenamiento y 17 tuvieron carácter preventivo.

En total, se vertieron 1.860 hm³ al río, manteniendo la seguridad estructural de las presas y evitando daños mayores en zonas habitualmente vulnerables.

El equilibrio entre almacenar recursos para el futuro y prevenir inundaciones inmediatas fue la clave de una gestión considerada modélica por los expertos del sector.

Caudales máximos y efecto de laminación

El 8 de febrero, el punto de control de Alcalá del Río registró el caudal máximo del episodio, con 4.300 metros cúbicos por segundo.

Si bien se produjeron afecciones en áreas inundables ya identificadas, el efecto de laminación de los embalses —que reduce el caudal punta reteniendo temporalmente el agua— resultó decisivo.

Un ejemplo fue el del 5 de febrero, cuando se moderó una entrada de 10.900 m³/s a 3.800 m³/s de salida, evitando desbordamientos aguas abajo en municipios como Córdoba y Sevilla.

Los embalses de Torre del Águila, Cubillas y Quiebrajano mostraron el impacto de una coordinación hidráulica eficaz. En el primero, las entradas de 330 m³/s se redujeron a 120; en el segundo, de 100 a 80; y en el tercero, de 85 a apenas 15.

Pese a pequeñas inundaciones localizadas, la regulación impidió daños catastróficos en zonas urbanas densamente pobladas. La sincronización entre sistemas encadenados, como los de Guadalmellato y Navallana, fue otro factor determinante para mitigar el impacto en los cauces medios y bajos del río.

Durante el temporal, la CHG mantuvo una comunicación constante con el 112-Andalucía y las administraciones locales. El Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) emitió 217 boletines de aviso y 25 notificaciones especiales de desembalse, lo que permitió una respuesta rápida ante los momentos críticos.

Los ciudadanos y ciudadanas pudieron acceder en tiempo real a los datos de caudal y almacenamiento en la web oficial del organismo, una práctica de transparencia que facilitó la toma de decisiones preventivas.

La tecnología jugó un papel decisivo. Se utilizaron imágenes satelitales del programa Copernicus y drones propios del SAIH para monitorizar zonas de difícil acceso, medir el avance de las inundaciones y evaluar daños con precisión milimétrica.

La combinación de inteligencia técnica y herramientas digitales permitió minimizar riesgos y optimizar los tiempos de reacción ante un fenómeno atmosférico de enorme intensidad.

El temporal de 2026 ha devuelto a la cuenca del Guadalquivir niveles de reserva hídrica desconocidos en los últimos diez años y, al mismo tiempo, ha evidenciado la importancia de la planificación hidrológica y de la inversión continua en sistemas de control y predicción.

Con un 81% de capacidad embalsada, Andalucía afronta los próximos meses con una situación de abastecimiento garantizada.

No obstante, los especialistas advierten que los fenómenos meteorológicos extremos tenderán a ser más frecuentes debido al cambio climático, y que solo una gestión técnica anticipada podrá mantener bajo control los riesgos asociados al agua en un territorio tan vulnerable como esencial para la economía del sur de España.

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