El embalse de Torre del Águila desborda su capacidad y pone en alerta a El Palmar de Troya
Inquietud en Sevilla: el agua cerca las casas de El Palmar de Troya tras la borrasca Leonardo
El Palmar de Troya, un pequeño municipio sevillano de apenas 2.300 habitantes, vive horas de incertidumbre y “tranquilidad tensa” mientras la borrasca Leonardo continúa azotando el suroeste andaluz.
Las intensas lluvias de los últimos días han llevado al embalse de Torre del Águila a superar el 110 % de su capacidad, obligando a las autoridades a iniciar un proceso de desagüe controlado para evitar un desbordamiento inminente.
En las calles de la localidad, las puertas de muchas viviendas lucen ya rasillones, maderas y ladrillos como improvisadas barreras frente a posibles anegaciones.
El alcalde, Juan Carlos González, ha explicado que el pantano “ha estado aliviando a 66 centímetros por encima del aliviadero”, una cifra que da cuenta de la presión hidráulica acumulada.
La apertura de compuertas está prevista antes de la llegada de nuevas lluvias el sábado, una maniobra preventiva que busca aliviar la carga del embalse sin poner en riesgo a los vecinos. “El paso del arroyo del Salado está totalmente anegado y a solo 20 centímetros de rebosar”, añadió el alcalde, describiendo un escenario de vigilancia permanente.
Mientras tanto, la Guardia Civil y los servicios de emergencia mantienen activo un dispositivo de seguimiento continuo. La provincia de Sevilla se encuentra en aviso amarillo por rachas de viento de hasta 70 km/h, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
En la tarde del miércoles, los agentes procedieron al desalojo preventivo de once personas residentes en zonas cercanas a cauces y arroyos, una medida adoptada también en otros puntos de riesgo como Écija. Las autoridades subrayan que se trata de acciones preventivas, no de emergencia, y que se dispone de margen suficiente para actuar en caso de inundación.
La escena en El Palmar de Troya recuerda episodios pasados, aunque la magnitud de las precipitaciones asociadas a la borrasca Leonardo no tiene precedentes recientes.
Los vecinos, curtidos por la experiencia de convivir junto al embalse, han adoptado medidas prudentes: muebles y enseres en las plantas superiores, bolsas de arena en los accesos y vigilancia constante del nivel del agua.
Inquietud en el Palmar de Troya
El subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano, confirmó este jueves que se están revisando más de ochenta viviendas en el término municipal.
“Hay veinte casas en observación prioritaria y otras sesenta y seis en zonas más sensibles”, explicó, destacando la coordinación entre el Ayuntamiento y los cuerpos de seguridad. Un retén permanente de la Guardia Civil permanece desplegado las veinticuatro horas para responder con rapidez ante cualquier eventualidad.
El alivio parcial del embalse, según Toscano, responde a una estrategia de control planificada. “Aprovechamos la tregua de lluvias para desembalsar y dejar preparado el pantano ante nuevas crecidas”, indicó el representante del Gobierno.
El objetivo es garantizar que tanto El Palmar de Troya como las poblaciones vecinas —Los Palacios y Utrera— no sufran las consecuencias de un vertido masivo e incontrolado.
Por ahora, la situación sigue bajo control, aunque el riesgo persiste. El caudal del Torre del Águila continúa descendiendo lentamente por los aliviaderos, y el Ayuntamiento mantiene informados a los ciudadanos a través de canales oficiales.
Los servicios de protección civil realizan rondas periódicas en las zonas más bajas, especialmente en los márgenes del arroyo del Salado y los accesos al casco urbano.
El fenómeno de la borrasca Leonardo ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones locales y autonómicas. A pesar de las intensas lluvias, los sistemas de drenaje y los protocolos de emergencia han evitado hasta el momento daños significativos.
No obstante, el temor a que las precipitaciones regresen el fin de semana mantiene la tensión entre los vecinos, que observan el cielo con recelo mientras refuerzan sus viviendas.
En El Palmar de Troya, la resiliencia se mezcla con la preocupación. Los rasillones en las puertas son el símbolo visible de una comunidad que se protege como puede ante la fuerza del agua.
La previsión de nuevas lluvias mantiene en vilo a todos, en un equilibrio frágil entre la calma y la alerta que define a la perfección el concepto de “tranquilidad tensa” que hoy domina las calles del municipio.