Ambulancia del 061.

Cinco alumnos heridos al caer el techo de un aula de IES Miguel de Cervantes en Sevilla

Derrumbe de un techo en un instituto de Sevilla reabre el debate sobre el deterioro de los colegios público

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El susto fue importante, mayúsculo. En torno a las diez y media de la mañana de este martes, parte del techo de escayola de un aula del IES Miguel de Cervantes, en Sevilla capital, se vino abajo mientras un grupo de estudiantes de unos 15 años asistía a clase.

Cinco de ellos resultaron heridos leves, según los primeros informes, y fueron atendidos por los servicios sanitarios que acudieron al centro junto a efectivos de Bomberos, Policía Local y Policía Nacional.

El desprendimiento se produjo en la segunda planta del edificio, en una zona donde las placas del falso techo cedieron repentinamente. Algunos testigos apuntan a que un alumno habría golpeado la escayola con una silla, provocando la caída del material, aunque la investigación continúa abierta.

El incidente ha generado preocupación entre las familias y ha vuelto a situar sobre la mesa un problema que en Sevilla se repite con demasiada frecuencia: el deterioro estructural de numerosos colegios e institutos públicos.

Centros envejecidos y problemas que se repiten

El caso del Cervantes no es aislado. En los últimos años, varios centros educativos de la capital hispalense han sufrido problemas de mantenimiento, algunos tan graves como para afectar directamente al bienestar y la seguridad de los alumnos.

Techos con grietas, paredes húmedas, calefacciones averiadas, patios encharcados e incluso presencia de ratas han sido motivo de quejas reiteradas por parte de las comunidades educativas.

En algunos colegios, el frío del invierno se cuela por ventanas deterioradas y puertas sin aislamiento, obligando a los alumnos a dar clase con abrigos puestos. En otros, las lluvias provocan filtraciones en los techos y charcos en pasillos y aulas que los docentes deben sortear con cubos y fregonas.

Los padres denuncian que las soluciones suelen ser temporales: reparaciones parciales o parches que no resuelven el problema de fondo, que es la antigüedad y falta de inversión en infraestructuras educativas.

Ratas, humedad y frío: el día a día de algunos colegios sevillanos

No hace tanto, un conocido colegio de la zona de Nervión se vio envuelto en protestas de las familias por la presencia de roedores en las aulas y los patios. Las imágenes de excrementos y pequeños nidos en rincones del centro generaron una fuerte indignación.

Las asociaciones de madres y padres reclamaron entonces una limpieza a fondo y un plan de desratización urgente, además de actuaciones de mantenimiento que llevaban meses pendientes.

Otro centro, en el barrio de Palmete, sufre desde hace años problemas de humedades y goteras. Cada episodio de lluvia intensa provoca inundaciones en los pasillos y cortes eléctricos en algunas aulas. Las paredes, ennegrecidas por la humedad, han obligado incluso a cerrar espacios temporales hasta que los desperfectos fueron reparados. Los padres aseguran que sus hijos estudian en “condiciones impropias de un colegio del siglo XXI”.

En invierno, el problema se agrava. La falta de calefacción en varios centros públicos obliga a suspender clases o reducir horarios en los días de frío extremo. En algunos institutos antiguos, los radiadores apenas funcionan y los alumnos recurren a mantas o estufas portátiles que llevan de casa. En verano, ocurre lo contrario: las aulas se convierten en auténticos hornos por la ausencia de climatización adecuada.

Una llamada de atención a las administraciones

El derrumbe del techo en el IES Miguel de Cervantes ha sido la gota que colma el vaso para muchas familias, que piden una revisión integral del estado de los colegios públicos de Sevilla. No es un hecho aislado ni una simple casualidad, sino la consecuencia de años de falta de mantenimiento y de inversiones que se han ido posponiendo.

Los sindicatos educativos también insisten en que la situación es insostenible y que los incidentes podrían ser más graves si no se actúa con urgencia. Reclaman auditorías estructurales, planes de climatización reales y presupuestos específicos para reparar cubiertas, ventanas, suelos y sistemas eléctricos.

El accidente del Cervantes ha sido un aviso serio y es un recordatorio de que los centros educativos no solo deben ser espacios de aprendizaje, sino también lugares seguros, saludables y dignos. En una ciudad donde muchos edificios escolares superan ya los cuarenta años, la prevención no debería esperar a que un techo se desplome para ser una prioridad.

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