Desprendimiento de la calzada por las lluvias y operarios trabajando.
Carretera afectada por las lluvias.

Carreteras al límite en Sevilla: socavones, cortes y obras que nunca llegan

Las lluvias destapan la fragilidad de las carreteras en Sevilla: socavones, cortes y promesas incumplidas

Actualizado:

El paso sucesivo de borrascas ha dejado al descubierto un problema que Sevilla arrastra desde hace años: la falta de mantenimiento estructural en su red viaria.

Las intensas lluvias han multiplicado los socavones en tramos clave como la SE-31, conexión directa entre la SE-40, la SE-30 y el Puerto de Sevilla, donde los daños obligaron al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible a priorizar su reparación.

A pesar de los 17,5 millones de euros destinados por la Junta de Andalucía para atender los desperfectos, la provincia ha recibido la segunda partida más baja dentro del plan de choque regional.

La situación actual evidencia un problema crónico. Antes incluso de los temporales de este invierno, el firme de muchas carreteras sevillanas ya mostraba signos de agotamiento.

La A-92, una de las arterias más transitadas de la comunidad, había sido parcialmente reformada tras las lluvias de marzo de 2025, con actuaciones entre Sevilla y Alcalá de Guadaíra, Arahal y Paradas, y Puebla de Cazalla.

Paralelamente, el Estado había invertido 4,8 millones de euros en obras de emergencia en las autovías A-66, A-4 (Autovía del Sur) y A-49 (Autovía del V Centenario), afectadas también por las sucesivas borrascas.

La red sevillana, sin embargo, sigue ofreciendo una imagen de deterioro estructural. La SE-30 y la N-630, que rodean y conectan el área metropolitana, acumulan baches, grietas y zonas hundidas, especialmente en el entorno de Triana, Camas y Santiponce.

Si bien la Junta de Andalucía avanza en la digitalización de la conservación —un contrato de más de 770.000 euros formalizado en 2024—, las obras materiales no acompañan el ritmo de los anuncios.

Uno de los puntos más conflictivos sigue siendo la AP-4, que enlaza Sevilla y Cádiz. Desde la supresión del peaje en 2020, la vía ha quedado atrapada en una espiral de saturación y deterioro.

El aumento del tráfico pesado ha duplicado los tiempos de trayecto y multiplicado los atascos, especialmente entre Dos Hermanas y Las Cabezas de San Juan, tramo donde el proyecto de ampliación a tres carriles no se prevé hasta 2030.

Los usuarios denuncian que el asfalto, ya fatigado, se deteriora a un ritmo superior al mantenimiento, mientras el tráfico se dispara cada temporada.

A esta situación se suma la presión de los temporales recientes, que han provocado cortes parciales, desprendimientos en taludes y filtraciones en las capas inferiores del firme.

En carreteras secundarias, sobre todo las que conectan zonas rurales, los daños son aún más severos: socavones, baches y tramos intransitables dificultan la movilidad diaria.

Los ayuntamientos reclaman a la Junta de Andalucía y al Ministerio un plan coordinado de rehabilitación integral, más allá de los parches de emergencia que cada año repiten el mismo ciclo de deterioro.

Entre tanto, la capital y su área metropolitana sufren también los efectos de la mala planificación. Las conexiones logísticas con el Puerto de Sevilla o el Aeropuerto de San Pablo se ven comprometidas por la falta de un plan global de movilidad y la ausencia de nuevas infraestructuras que alivien el tráfico.

Andalucía, una red viaria al límite

Lo ocurrido en Sevilla no es un caso aislado, sino el reflejo de una problemática generalizada en toda Andalucía. Las borrascas que han barrido la comunidad han dejado una treintena de carreteras cortadas por desprendimientos, inundaciones y daños estructurales.

Provincias como Cádiz, Málaga o Huelva presentan los mayores índices de deterioro, con infraestructuras que ya eran deficientes antes del temporal.

En Cádiz, los efectos han sido devastadores en la Sierra de Grazalema y el Campo de Gibraltar, donde pueblos como Benamahoma llegaron a quedar incomunicados.

La A-381 y la autovía Jerez-Los Barrios requieren obras de urgencia, mientras la autovía Jerez-Sanlúcar presenta hundimientos tan graves que se ha reducido la velocidad máxima a 80 km/h.

En Málaga, la A-7 acumula 300 puntos críticos detectados entre Estepona, Casares y Manilva, mientras en Huelva la A-49 sufre un desgaste que ha provocado incluso reventones de neumáticos.

En Granada, las obras de refuerzo del viaducto de Rules han vuelto a cortar la A-44, y en Jaén, los desperfectos en la A-4 y la A-44 han obligado al Gobierno a aprobar inversiones de emergencia tras decenas de accidentes y reventones.

La red andaluza, que supera los 24.000 kilómetros de carreteras entre titularidad estatal y autonómica, muestra un patrón común: proyectos aplazados, inversiones parciales y un mantenimiento que no logra frenar el deterioro acumulado.

Las lluvias han sido el detonante visible de una crisis que lleva años gestándose y que ahora exige una respuesta urgente y sostenida.