17 años sin Marta del Castillo, el silencio que sigue atormentando a Sevilla
El caso Marta del Castillo: 17 años de silencio, dolor y una verdad aún enterrada
Han pasado 17 años desde que Marta del Castillo desapareció una tarde de enero del año 2009 en Sevilla. Tenía solo 17 años y toda una vida por delante. Desde entonces, su familia vive atrapada en una pesadilla que parece no tener fin.
A día de hoy, su cuerpo sigue sin aparecer y Miguel Carcaño, autor confeso del crimen, continúa guardando silencio. La justicia lo condenó a prisión, pero el duelo de los padres de Marta, Antonio del Castillo y Eva Casanueva, sigue inconcluso: su hija sigue desaparecida.
La tarde del 24 de enero del año 2009, Marta salió de su casa en el barrio sevillano de Tartessos para encontrarse con su expareja, Miguel Carcaño Delgado. Nunca volvió. Días después, la investigación reveló que había muerto tras una discusión violenta. Carcaño confesó el crimen, pero sus versiones sobre lo ocurrido y el paradero del cuerpo fueron contradictorias.
Durante los años posteriores, la Policía Nacional y la Guardia Civil desarrollaron múltiples operaciones de búsqueda. Se rastrearon el río Guadalquivir, vertederos, escombreras y zonas rurales. Cientos de voluntarios se unieron a la búsqueda, y miles de ciudadanos salieron a las calles exigiendo justicia. Aun así, el cuerpo de Marta nunca fue hallado.
Diecisiete años después: un caso aún abierto
En noviembre de 2022, la Audiencia de Sevilla archivó la búsqueda activa del cuerpo, aunque la investigación judicial sigue técnicamente abierta. Para la familia, esa decisión fue un golpe más.
Antonio del Castillo, padre de la joven, ha reiterado y repetido en numerosas ocasiones que no cesará hasta saber la verdad. Incluso ofreció 33.000 euros a Carcaño a cambio de información que condujera al hallazgo del cuerpo, además de renunciar a acciones legales y a cualquier recurso judicial pendiente.
El autor del crimen, sin embargo, rechazó la oferta y mantiene su silencio desde hace años. Cumple condena en la cárcel de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real, donde permanecerá al menos hasta mayo de 2030, salvo que obtenga beneficios penitenciarios. Su vida en prisión es discreta, sin privilegios y con un férreo control interno.
Además de la condena penal, Carcaño fue sentenciado a indemnizar a la familia con un total de 340.000 euros: 140.000 para cada progenitor y 30.000 para cada una de las hermanas de Marta. Sin embargo, hasta la fecha apenas ha pagado 1.300 euros, según confirmaron fuentes judiciales.
La familia ha intentado ejecutar el embargo de su cuenta bancaria, en la que Carcaño recibe ingresos mínimos por sus trabajos en prisión, pero el saldo apenas supera los 300 euros. Esa deuda, más allá de lo económico, simboliza una herida moral abierta.
“Queremos encontrar el cuerpo, darle sepultura y poder descansar”, declaró no hace demasiado tiempo el abuelo de Marta, Antonio Casanueva, quien a sus más de 80 años sigue reclamando justicia y memoria.
Netflix prepara una miniserie sobre el caso
La historia de Marta del Castillo volverá a la pantalla. Netflix ha confirmado el inicio del rodaje en Sevilla de una miniserie de ficción que está basada en el caso, producida por Bambú Producciones —responsables de El caso Asunta y El caso Alcàsser— en colaboración con La Claqueta PC.
Según la plataforma televisiva, la serie contará con el respaldo de la familia y abordará tanto los hechos del crimen como la repercusión social y mediático que desencadenó. Por el momento no tiene título ni fecha de estreno.
El anuncio llega en un momento en que el Gobierno de España estudia una reforma del derecho al honor y la intimidad, sobre todo en lo relativo a los ‘true crimes’ y la explotación mediática de casos donde los responsables podrían beneficiarse económicamente.
Diecisiete años después, el caso Marta del Castillo sigue siendo uno de los más recordados y trágicos de la historia reciente española. La justicia ha hablado, pero la verdad completa sigue bajo tierra y hasta se habla de un "pacto de silencio" de los implicados. Y mientras Carcaño calla, Sevilla —y toda España— sigue esperando una respuesta.