Un sacerdote imponiendo la ceniza, al lado el final del Carnaval.
Imposición de la ceniza en el "Miércoles de Ceniza".

Miércoles de Ceniza en Sevilla: qué significa, qué se hace y por qué marca el final del Carnaval

El día que el Carnaval se apaga, el verdadero sentido del Miércoles de Ceniza 2026

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Este 18 de febrero de 2026, España pondrá fin a una de sus celebraciones más esperadas y populares como es el Carnaval.

Con su finalización, marcada por la llegada del Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma, un tiempo de recogimiento que prepara el espíritu para la Semana Santa, una de las tradiciones religiosas más arraigadas y reconocidas del país.

Este día supone, simbólicamente, un tránsito entre la euforia festiva y la introspección, entre la alegría popular y el llamado al arrepentimiento cristiano.

El Miércoles de Ceniza no es una fecha cualquiera dentro del calendario litúrgico católico. Representa el inicio de un periodo de cuarenta días de penitencia y reflexión, inspirado en los cuarenta días que, según los Evangelios, Jesucristo pasó en el desierto ayunando y resistiendo las tentaciones. En Sevilla, como en otros muchos puntos de España es la preparación a la Semana Santa que llegará en 40 días.

En esta jornada, los fieles son convocados a confesar sus pecados, reconocer su fragilidad y reconciliarse con Dios. El rito central de la celebración consiste en la imposición de la ceniza, símbolo de humildad y conversión, acompañado de las frases “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” o “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”, extraídas del Misal Romano.

Estas cenizas tienen un origen profundamente simbólico y ritual. Se obtienen al quemar las palmas bendecidas del Domingo de Ramos del año anterior, estableciendo así un vínculo entre el fin de un ciclo litúrgico y el comienzo de otro.

La cruz de ceniza trazada en la frente del creyente recuerda la fragilidad humana y la esperanza en la renovación espiritual. Según la tradición bíblica, el uso de ceniza procede del antiguo pueblo de Israel, donde los judíos se cubrían con ellas como signo de arrepentimiento y de búsqueda de perdón ante Dios.

El ayuno y la abstinencia constituyen también pilares esenciales de este día. Los fieles entre 18 y 60 años deben realizar un solo alimento fuerte, práctica que se repite en el Viernes Santo, mientras que la abstinencia de carne se extiende a todos los viernes de Cuaresma para mayores de 14 años.

Estas normas no son simples imposiciones dietéticas: buscan recordar la importancia del sacrificio personal, la moderación y el desprendimiento material como actos de fe.

El Papado y el Miércoles de Ceniza

El Papa Francisco, decía en sus mensajes que había que destacar la dimensión espiritual de la Cuaresma más allá de lo meramente ritual, algo que también enfatiza el Papa León XIV.

“Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones y productos de consumo, para abrir las puertas del corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero lleno de gracia y de verdad”, expresó en una de sus homilías.

Con estas palabras, el pontífice subraya la necesidad de vivir la Cuaresma como un ejercicio de transformación interior y no solo como una costumbre repetida.

El origen histórico del Miércoles de Ceniza se remonta al siglo IV, cuando la Iglesia fijó la duración de la Cuaresma en cuarenta días. Para determinar su inicio se utilizaba el Computus, un sistema de cálculo que establecía las fechas móviles del calendario litúrgico, entre ellas la Pascua de Resurrección.

Con el paso de los siglos, especialmente entre los siglos VI y VII, el ayuno adquirió un papel central en la práctica cuaresmal, aunque siempre se exceptuaban los domingos por su carácter de día festivo.

Por esta razón, el periodo se adelantó hasta comenzar en miércoles, dando origen al día que hoy conocemos.

Así, el Miércoles de Ceniza no solo marca el final de una etapa festiva, sino también el inicio de una de las tradiciones espirituales más profundas del mundo cristiano.

Es el punto de inflexión en el que la sociedad española pasa del bullicio de los desfiles y las comparsas a un tiempo de silencio, introspección y esperanza. Un recordatorio de que, más allá de la ceniza, siempre hay lugar para la renovación interior y la fe compartida.