Para Juan Pablo II rezando ante las monjas y el cuerpo incorrupto de Santa Ángela de la Cruz.
El papa San Juan Pablo II rezando ante el cuerpo de Santa Ángela de la Cruz.

Los dos milagros de Santa Ángela de la Cruz que el Vaticano investigó durante décadas

Un pulmón destruido y una ceguera irreversible: los milagros que convirtieron en santa a Ángela de la Cruz

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Los milagros atribuidos a Santa Ángela de la Cruz forman parte inseparable de la memoria religiosa de la ciudad Sevilla, pero solo dos de ellos han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia tras un proceso médico y jurídico especialmente riguroso.

El resto de curaciones y hechos atribuidos a su intercesión permanecen en el ámbito de la devoción popular, transmitidos por testimonios internos de su congregación y por la tradición oral de los barrios más humildes de la ciudad.

Ángela Guerrero González, su nombre civil, murió en el año 1932 dejando tras de sí una intensa fama de santidad vinculada al servicio directo a los pobres, enfermos y ancianos.

No obstante la Iglesia distingue con claridad entre los relatos piadosos y los llamados milagros canónicos, aquellos que superan la evaluación de especialistas médicos independientes y la posterior valoración teológica.

El primer milagro de Santa Ángela de la Cruz

El primero de los dos milagros oficialmente verificados se produjo en el año 1938, seis años después de su fallecimiento. La protagonista fue Concepción García Núñez, una joven de Sevilla de 22 años, madre de familia, que presentaba un cuadro clínico extremadamente grave.

Había perdido previamente un pulmón a causa de la tuberculosis y fue ingresada con una neumonía severa en el único pulmón funcional que conservaba. A la infección respiratoria se sumaron complicaciones circulatorias, renales y neurológicas.

Los informes médicos describen episodios de cianosis, colapso general, fallo renal con ausencia de orina y un estado de coma que llevó a los facultativos a considerarla desahuciada.

Ante la situación límite, su familia inició una novena solicitando la intercesión directa de Ángela de la Cruz. Según la documentación incorporada posteriormente al proceso canónico, la evolución clínica dio un giro completo en un breve espacio de tiempo.

La paciente comenzó a recuperar la consciencia, la respiración se estabilizó y, de manera progresiva, desaparecieron las complicaciones sistémicas. La recuperación fue completa.

La comisión médica designada por la Santa Sede concluyó que no existía una explicación científica suficiente que justificara aquel desenlace favorable, dadas las lesiones previas y la gravedad del cuadro infeccioso.

El segundo milagro de Santa Ángela de la Cruz

Décadas después se produciría el segundo milagro reconocido, el que permitió su canonización. El caso tuvo lugar en el año 1987 en Alcázar de San Juan y afectó a Teodoro Molina Navarro.

Era un niño de 13 años que había perdido completamente la visión del ojo derecho. El diagnóstico fue una embolia de la arteria central de la retina, una lesión considerada irreversible por la oftalmología clínica.

Tras la petición de oración dirigida expresamente a Ángela de la Cruz y el inicio de una novena, el menor comenzó a percibir imágenes de forma progresiva durante un desplazamiento para revisión médica.

La recuperación visual fue totalmente confirmada por especialistas, que constataron la desaparición de la lesión sin secuelas funcionales.

La consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos determinó que la curación no podía explicarse por los tratamientos disponibles ni por la evolución natural de la patología.

Ambos expedientes fueron analizados durante años y constituyeron la base para la proclamación como santa, realizada en el año 2003 por San Juan Pablo II.

Junto a estos dos casos documentados, existen numerosos relatos de curaciones atribuidas a la religiosa tanto en vida como en los años posteriores a su muerte así como su cuerpo incorrupto, que es signo de santidad.

Testimonios recogidos en procesos diocesanos mencionan fiebres persistentes en niños, crisis respiratorias en ancianos atendidos por su comunidad, parálisis parciales y dolores crónicos incapacitantes que habrían remitido tras encomendarse a su intercesión. En la mayor parte de estos episodios no constan nombres completos, fechas exactas ni diagnósticos médicos verificables.

También forman parte de la tradición los llamados auxilios providenciales como el caso de la llegada inesperada de alimentos, donativos anónimos en situaciones de extrema pobreza o soluciones imprevistas ante problemas económicos urgentes.

Para la congregación fundada por Ángela de la Cruz, estos hechos siempre se interpretaron como expresión de una confianza radical en la Providencia, no como milagros en sentido estricto.

La diferencia entre ambos planos es muy evidente. Mientras los relatos populares alimentaron su fama de santidad en vida y después de su muerte, solo dos curaciones —el caso de Concepción García Núñez en 1938 y la de Teodoro Molina Navarro en 1987— superaron los filtros médicos y teológicos exigidos por la Iglesia.

Son estos dos casos y ejemplos, minuciosamente documentados, los que sostienen oficialmente la dimensión milagrosa de una figura que, más allá de lo extraordinario, sigue siendo recordada en Sevilla por una entrega cotidiana y silenciosa a los más pobres.