Columbario en Carmona.

El hallazgo en Carmona que sorprendió a los arqueólogos: un mausoleo romano oculto durante 2.000 años

Dormir sobre la historia: la familia que vive encima de un mausoleo romano en Carmona

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El 29 de agosto del año 2019, la localidad sevillana de Carmona volvió a ubicarse en el centro del mapa arqueológico de España.

En el patio de una vivienda privada apareció un mausoleo romano de finales del siglo I (aproximadamente), un descubrimiento que devolvió al presente la grandeza funeraria de una antigua familia romana.

Los propietarios, José y María, realizaban obras de restauración cuando su albañil encontró una estructura de piedra bajo el suelo, ahí iban a llegar las sorpresas.

Esa sorpresa cambió la rutina doméstica por una escena de historia viva puesto que eran los restos de una cámara funeraria intacta, sellada durante casi dos milenios.

El arqueólogo municipal Juan Manuel Román confirmó que se trataba de un columbario con ocho nichos, seis de ellos con urnas que contenían cenizas humanas, acompañadas de nombres grabados.

La tumba, situada en el entorno de la Vía Augusta, era parte de un conjunto funerario destinado a una familia de alto rango de la zona.

Juan Manuel Román subrayó el carácter excepcional del hallazgo puesto que la cámara no había sido expoliada, y su conservación permitía estudiar con precisión las costumbres funerarias de la época.

Entre los elementos hallados se encontraba una enigmática cruz que estaba grabada en el muro, anterior al cristianismo, que ha despertado el interés de los expertos.

El caso de José y María no es un hecho único o aislado. En Carmona, las obras domésticas y las excavaciones arqueológicas conviven con naturalidad.

La ciudad descansa sobre un entramado subterráneo que guarda vestigios de todas las civilizaciones que la habitaron: tartesios, romanos, visigodos, musulmanes. Desde finales del siglo XIX, el municipio se ha convertido en un ejemplo de arqueología ciudadana, donde el patrimonio y la vida cotidiana se unen en muchas ocasiones.

El precedente más emblemático se remonta al año 1995, cuando durante la construcción de un aparcamiento municipal apareció otra tumba romana de los siglos I y II. Su hallazgo obligó a rediseñar la obra y a integrar la estructura en el nuevo espacio urbano.

Hoy, los visitantes pueden contemplar el interior de aquella tumba a través de una vitrina protectora. Pese a que supuso la pérdida de cinco plazas de garaje, el descubrimiento reforzó el valor cultural de un espacio común, transformando un aparcamiento en un punto de encuentro entre pasado y presente.

Esta relación entre la vida moderna y el legado arqueológico tiene raíces profundas. A finales del siglo XIX, el arqueólogo George Bonsor, de origen británico, y su socio Juan Fernández López, revolucionaron el destino del pueblo.

En el año 1885 fundaron la Sociedad Arqueológica de Carmona y crearon el primer museo de sitio de España, el Conjunto Arqueológico de Carmona, tras descubrir más de 250 tumbas en la antigua necrópolis. Su labor documentó con detalle los rituales funerarios romanos, basados en la cremación y la colocación de urnas en columbarios construidos fuera de la urbe.

Bonsor no solo excavó tumbas; también cimentó una filosofía. Su visión defendía que el patrimonio debía integrarse en la vida local y no apartarse de ella.

Huecos del yacimiento funerario, del columbario.

Yacimiento funerario en Carmona.

Un museo bajo el suelo de Carmona

Ese espíritu perdura hoy en las excavaciones preventivas, realizadas por equipos municipales que cuentan con el apoyo de los vecinos y del Plan de Empleo Rural, un programa que ofrece trabajo temporal a habitantes del municipio durante las temporadas agrícolas bajas. Así, la arqueología se convierte también en motor social.

El equilibrio entre propiedad privada y patrimonio histórico define buena parte de la vida en Carmona. Las leyes municipales garantizan que cualquier hallazgo sea protegido, pero permiten que las viviendas sigan habitadas.

El ayuntamiento de Carmona asume los costes de excavación y control, aunque las reparaciones derivadas corren a cargo del propietario. Esta dinámica ha provocado que el crecimiento urbano se desplace hacia los arrabales, donde el riesgo de encontrar restos arqueológicos es menor.

No obstante muchos vecinos asumen con orgullo su papel de custodios de la Historia puesto que sus casas son, literalmente, museos habitados.

Desde los años noventa, la localidad cuenta con el Museo de la Ciudad, instalado en una antigua casa señorial, donde se exhiben piezas procedentes de distintas épocas. Paralelamente, el Museo Arqueológico de Sevilla y la Universidad Pablo de Olavide colaboran en la investigación y difusión del patrimonio carmonense.

Cada verano, jóvenes arqueólogos acuden al municipio para participar en cursos y excavaciones dirigidas por Román, perpetuando la vocación científica que inició Bonsor.

Hoy, Carmona encarna una forma singular de entender la historia: no como un pasado enterrado, sino como una dimensión viva que coexiste con el presente. Bajo sus calles, en los patios y fachadas de sus casas, late un museo invisible.

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